lunes, 15 de agosto de 2011

Yes.


Creo que ya va siendo hora que os cuente cómo se sacó mi buen amigo Evaristo el carnet de conducir.
Todo comenzó cuando trasladaron al comandante Fernández de la capitanía del cuartel de La Guardia Civil que hay en nuestro barrio a la jefatura provincial de tráfico. Evaristo, no fiándose del nuevo responsable del acuartelamiento, decidió dejar de coger el coche mientras no se sacase el carnet de conducir, pues sospechaba que muy posiblemente la influencia del padre del comandante Fernández, actual novio de su abuela, no alcanzaría para quitarle las posibles sanciones. Así que no le quedó más remedio que apuntarse a la autoescuela del barrio para sacarse la pertinente licencia. Su único temor era la parte teórica, ya se sabe la cantidad de normas, señales y demás “prendas” que hay que memorizar para superar esa prueba. De la práctica no albergaba ninguna duda sobre su capacidad.
No se le dio nada mal eso de los test y en apenas un par de semanas se presentó aprobando sin siquiera una falta, todo un record difícil de entender, no porque mi amigo sea duro de mollera, más bien por su anarquismo histórico que difícilmente le deja acatar las normas que considera absurdas. Por fin respiraba tranquilo, el práctico sería pan comido, pues bien sabido era por todo el barrio que llevaba desde niño conduciendo, prácticamente desde que murió su padre y tuvo que hacerse cargo de los repartos de la carnicería familiar.

Pero a veces, lo que en un principio se antoja sencillo termina complicándose lo suyo. Tras un tiempo nada desdeñable y después de haber suspendido un sin fin de veces el examen práctico, discutiendo casi cada día con el gerente de la escuela, Evaristo decidió cambiar de autoescuela. Y es que además de ese mal ambiente creado, ya no quedaban instructores que quisieran montarse con él en el coche, y todo por su disparatada manía de mezclar ideologías con el código de la circulación vial. La verdad es que tampoco le fue mucho mejor en la nueva academia de conducción, pues aunque es indudable que conducía como los ángeles mientras transitaran por vías de una sola dirección, su manera de afrontar las redondas y las calles de doble sentido traía de cabeza a cualquier instructor que osara acompañarle en las clases prácticas. Y todo por su manía de permanecer en todo momento en el carril de su izquierda, él aseguraba que no conducía de esta manera por llevar la contra, más bien era por ser fiel a sus ideales. Sin duda sus recientes lecturas (“El Capital” y “Dios y el Estado”) tenían mucho que ver en esta actitud tan extrema.  Finalmente, tras otro montón más de broncas y sus pertinentes suspensos, siguiendo el consejo del novio de su abuela, que también sirvió durante un tiempo como bobby en Londres, decidió marchar una temporadita hacía las lejanas Islas de la niebla y examinarse allí, a ver si así su insistencia de conducir siempre por la izquierda, dejaba de ser un impedimento para sacarse la licencia.
De esta manera, por fin mi amigo, en apenas una semana, pudo aprobar la parte práctica y regresó al pueblo con su flamante carnet de conducir británico. Por supuesto montado en un coche comprado allí, ni que decir tiene que con el volante al lado izquierdo, no iba él a desaprovechar semejante ocasión.

Así es mi amigo Evaristo, una persona fiel a sus pensamientos hasta las últimas consecuencias, no quiero ni pensar dónde nos vamos a tener que meter los demás conductores cuando nos crucemos con él por la carretera si llega el día que varíe su manera de ver el mundo y se sienta más centrado en sus ideales.


                                                                              acróbata

4 comentarios:

  1. Pobre Evaristo... a mí me suspendieron 7 veces el carnet, y ya ni lo intento por la derecha :)

    Besos, acróbata.

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  2. Sí que es firme en sus ideas,sí.
    Oye y no probó a ir a Cuenca,dicen que allí se lo saca todo el mundo!
    Es que eso de conducir no es tan fácil como parece,¿eh?
    Tú vas tan tranquila con tu vehículo y los demás son como lobos a la caza,arrgggg
    Yo aprobé el teórico en un estornudo,pero la práctica a la segunda, así que un algo lo entiendo.
    Un beso.

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  3. jajajajaja... y este fue el señor que enseñó a conducir a sus sobrinos???? miedo, miedo, miedo...

    Pero, ahora que lo pienso... nunca me percaté del sentido que conduzco ¿ a ver si era el que llevaba el otro día pegado a mi culo, pidiendo paso?

    Beesikos Tomás!!! me voy pa tu music!!!

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  4. No se le puede pedir más "coherencia" a Evaristo jajajajaja! Fiel a sus ideas hasta las últimas consecuencias...

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