lunes, 4 de julio de 2011

Re-volución clínica.


Hacía mucho tiempo que no veía a Evaristo tan difuso e inabordable. Por eso mismo, tras aguardar pacientemente durante un buen rato sus constantes idas y venidas, en las que unas veces parecía que estaba aquí y al poco se quedaba como en estado de trance, con la mirada perdida en un punto fijo e indeterminado, le he preguntado, en uno de sus momentos lúcidos, cómo iba su evolución clínica con el tratamiento para sus ligeros accesos bipolares que el pasado invierno le puso la nueva psiquiatra que ahora le lleva.

-A mí me va perfecto, al que no le va nada bien es al tratamiento, bueno, siendo más conciso ni bien ni mal, simplemente no le va. Aunque ahora que me lo preguntas, pensándolo bien, habría que pedirle opinión al inodoro, ya que es él el que está consumiendo esas pastillitas rojas que me recetó esa incalificable mujer que tiene por costumbre mirarme fijamente a los ojos mientras le contesto lo mejor que puedo a sus preguntas sin sentido.

-Hombre, Evaristo, quizás deberías haber dado una oportunidad al tratamiento, quién sabe, igual te hubiese mejorado los instantes en los que te sientes desbordado.

-No creas, después de deducir que mi bipolaridad no me exigía vestir como un inuit, menos mal, imagínate con esa vestimenta en estas fechas, estuve durante un par de días tomándome esas en apariencia inofensivas pastillitas, y aparte de dejarme medio grogui, sólo conseguían que no me pudiese desdoblar y siempre tuviese que permanecer en este mundo donde todo es gris, previsible y monótono.

Ante esta respuesta tan llena de sinceridad y a la vez tan difícil de responder dentro del pensamiento racional en el que solemos estar educados, me atreví a intentar seguirle un poco en su manera de ver la realidad existente.

-Entonces, ¿quieres decirme, que sólo podías estar aquí y ya no te ibas a ese lugar donde la imaginación se hace física?

En ese momento, mi amigo entró de nuevo en uno de sus típicos episodios de ausencia y aunque le zarandee levemente para que se dejara el supuesto cachondeo, éste permaneció impasible. Era verdaderamente una situación absurda, estaba sin estar, lo más curioso es que no perdía la conciencia, y era capaz de continuar realizando las labores mecánicas que no entrañasen un esfuerzo intelectual, llegando incluso a poder contestar con monosílabos si el momento lo requería. Por esto mismo, le pregunté si deseaba que me marchara y dejáramos esa conversación pendiente para otra ocasión mejor, en la que estuviese menos ocupado con su otra existencia, a lo que me contestó:

-No.

Qué hacer entonces, ¿permanecer como un pasmarote a su lado sin decir ni pío, a la espera de que se dignase a aparecer su mente analítica por aquí, marcharme sin siquiera despedirme y que luego se me enfadase y comenzase con sus terroríficas historias sobre rehacer a los mal hechos o simplemente armarme de paciencia y aguardar a su regreso?
Menos mal que prácticamente al instante todas mis dudas fueron disipadas gracias al regreso pleno de mi amigo.

-Ya estoy aquí de nuevo, vamos a ver, en primer lugar, tú no crees en eso, así que no trates de seguirme la corriente, se te da fatal. En segundo lugar, ahora mismo estaba conversando con tu futuro, y como sigas monopolizándome así, voy a tener que cobrarte por sesiones y en tercer lugar, no es que la imaginación se haga carne, es que simplemente en ese lugar no existen los límites acotados por la razón en éste. Es difícil de explicar.

-Inténtalo- le desafié yo.

-Está bien, la mejor manera de explicarlo sería que lo vivieras, pero como tu mente cerrada no te deja, trataré de hacerte una vaga idea. Tú sueñas, ¿verdad?

-Hombre claro, supongo que como todo el mundo, aunque si te digo la verdad cada día menos.

-¿Cada día menos?, no, cada noche menos, no. Sueñas todas las noches, pero tu parte racional niega esas vivencias una y otra vez, y es por eso que apenas si los recuerdas. Eso es muy típico en la edad adulta, sin embargo, recuerda cuando eras niño, soñabas y soñabas, siendo tan nítidos esos sueños, que en ocasiones llegabas incluso a confundirlos con la vigía, y si por algún motivo eras despertado de golpe en mitad de un sueño muy agradable, a veces, si lo intentabas con todas tus fuerzas, al volver a dormirte, regresabas de nuevo al mismo sueño y te manejabas en él con ciertas dosis de voluntad propia. Eso, es algo que con la vejez algunos recuperan, los menos claro, los que a pesar de mantener su mente cerrada durante toda la edad adulta, siempre dejaron una ligera puerta entreabierta a esas creencias. Pues bueno, es ligeramente parecido, con la importante diferencia que controlas totalmente esos aparentes sueños que en realidad no lo son, y además, como no podía ser de otra manera, tus actos si tienen consecuencias, tanto a este lado como al otro. Pensándolo detenidamente, mejor que no sea algo muy masificado, pues con los desastres que cometen aquí algunos, mejor que no puedan acceder al otro lado.

Llegados a este estado de la conversación, mi amigo Evaristo ya me tenía medio anonadado con su poderosa argumentación, y nada más que me quedaba asentir a su explicación, surgiéndome de inmediato una poderosa duda.

-Sabes Evaristo, aún no me explico por qué la mayoría dicen que estás medio chalado y que no eres una compañía saludable.

-¿Y tú qué crees?

-¿De verdad, hace falta que te conteste?, que voy a creer, que se equivocan juzgando a la ligera.

-Bueno, en todo caso peor para ellos, que ya ni siquiera sueñan cuando duermen, al menos yo continúo teniendo la válvula de escape de mi otro mundo, y es por eso que dejé de tomarme la medicación, ya que ni podía acceder a él, ni tampoco me resolvía nada en éste. Ahora que lo pienso pobre inodoro, tal vez le he quitado los momentos de soñar que era el lavabo, ya se sabe, algo más decente en su tarea diaria.

-Por cierto, Evaristo, una última pregunta, qué te ha dicho mi futuro antes cuando te has ausentado esos breves minutos.

-Nada que tú mismo no sepas ya, basta que escuches a tu corazón y lo sabrás. Además, no intentes conocer por mi boca asuntos del otro lado, ya que hay una regla de oro en todo esto, una que no siempre cumplo, pero bueno eso es otro tema, no mezclar los asuntos de ambos mundos.

De esta manera tan singular terminaron mis renovadas preocupaciones por las típicas ausencias de mi amigo Evaristo. Lo suyo en realidad es una suerte, el no haber perdido el don con el que venimos a este mundo cuando nacemos, el de la visión limpia de convencionalismos, ya que él no da nada por imposible y sigue creyendo en mundos imaginarios, o no, quién sabe, quizás no sean tan imaginarios como creemos los que sólo vemos lo que nos permite nuestra adoctrinada mente racional.
Por mi parte, no sé, ni creo, ni no creo, supongo que soy un claro caso de agnosticismo. En fin, quisiera vivir con la misma fe que vive mi buen amigo, aunque eso sí, no con sus mismas paranoias, Evaristo sólo hay uno y los que lo conocemos podemos decir que lo disfrutamos bastante más que lo padecemos, ¿el resto?, el resto no sé, la mayoría se niegan hasta a soñar cuando duermen y los pocos que lo hacen supongo que tendrán sus amigos especiales que les dan más alegrías que quebraderos de cabeza.

                      acróbata

10 comentarios:

  1. Entre esos revuelos de la mente lo mejor es seguir soñando como hace Evaristo y preguntarse lo mínimo.
    Besos, acróbata.

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  2. Desde luego en algunas ocasiones mejor soñar, Evaristo es mucho más inteligente que muchos que recetan pastillitas jajaja.
    Un saludo.

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  3. Enaristo me recuerda alguna vez que dije que soñaba en colores ...Quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!! me dijeron...Mejor no dije que recuerdo cada sueño...
    Soñar como dice Evaristo, nos aliviana la carga de la realidad.

    Un saludo grandote, Tomás. Me convidás un poquito de tu verano??

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  4. Evaristo y la psquiatría... Noooooooooo!!!!

    Déjalo fluir tal cuál es...

    ( Por tu relato y mi empatía hoy dejaré el comentario sin más palabras...( Las conservo en mis cajoncitos :))

    BESIKOS ;))

    NAMASTÉ

    ( Que lindo escribes Tomás...)

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  5. Mi querido Evaristo es todo un encanto; el mas
    loco y el mas cuerdo, un perfecto soñador....tiene
    tantas lecciones que dar al mundo.

    Saludos Tomas.

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  6. Pues yo,sin duda alguna,me quedo con Evaristo y sus argumentaciones,su poderío mental,su capacidad maravillosa de transportarse y evadirse.
    Es un genio este hombre.
    Soñar,hay que soñar,tanto despiertos como dormidos,pero jamás dejar de hacerlo.
    Ahora, lo de saber el futuro...no sé yo si me gustaría,la verdad.
    Un beso.

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  7. Me gusta Evaristo por muchas razones, porque es más inteligente que cualquier psiquiatra, porque tiene el bello don de soñar hasta despierto y porque es único.
    Ah, y que por el inodoro que no se preocupe que está acostumbrado a todo…

    Besitos.

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  8. Hay muchos a los que la vida se les queda chica y tienen que aferrarse a los sueños.
    Un abrazo.

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  9. Hola Tomás!!

    Evaristo,sabe bien lo que quiere y en sus sueños encuentra justo lo que necesita para ser feliz,porqué conformarse con este mundo frío y hostil? si él puede escaparse a su isla particular,hace bien en hacerlo.
    Por favor que siga soñando...y nosotros también!

    Un abrazo

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