martes, 12 de julio de 2011

Playas vírgenes.

Ante la continua avalancha informativa a la que está expuesto cada día Enrique Peralta, sufrido consumidor compulsivo de noticiarios autonómicos y anuncios ridículos, de profesión desocupado de alta actividad improductiva y relajada moral religiosa, se ha propuesto este verano el siempre difícil reto de ir violando sistemáticamente a la gran cantidad de nuevas playas vírgenes existentes. Algo digno de investigar, eso de que cada invierno por arte de magia recuperan el delgado himen de su castidad después de ser ampliamente ultrajadas durante al menos un par de meses, ¿será cuestión de las obras y milagros de la adelantada cirugía reconstructiva japonesa o acaso se regeneran espontáneamente en cuanto los temporales del otoño las desbordan?
De esta manera, provisto de una renombrada guía nacional algo ya desfasada, una miope mirada, realmente muy sucia, y con un hambre de lobo devorador de carne fresca, habiendo adquirido a precio de ganga en el mercado negro un estimulante bañador ceñido de color azul viagra y una amplia selección de chanclas de látex estriadas con adaptabilidad garantizada, se ha echado como alma que lleva el diablo a la antigua nacional trescientos treinta y dos en busca de su próxima víctima.
Como es algo pardillo en esto de ir desvirgando orillas húmedas y arenas mojadas, y naturalmente no se atreve a ejercer su abominable plan a plena luz del día, en su primera tentativa ha confundido el reflejo ceniciento de las insolentes farolas de la depuradora central de la comarca costera andaluza, con la plateada luna llena rielando sobre la hermosa y virginal playa almeriense, y sin pensárselo mucho se ha lanzado de cabeza a sus tranquilas aguas oscuras al grito de: “Ya eres mía”….Sobran los comentarios, nada más añadir que como las desgracias nunca vienen solas, los filtros principales de esta enorme piscina de residuos llevaban un par de semanas averiados y por lo tanto las aguas ya casi hechas lodo radioactivo no lo han engullido para siempre. Y al igual que Jesús en las aguas del mar de Galilea, él casi también ha podido caminar por ellas, bueno, siendo más precisos, se ha tenido que conformar con reptar como la serpiente del árbol de la sabiduría hasta la escalerilla metálica que le ha permitido, entre indescriptibles aromas, abandonar el recinto maloliente.  
Cualquiera en su sano juicio y herido en lo más profundo de su orgullo hubiera desistido de tan denigrante plan, pero Quique nunca ha tenido ni juicio, ni honor, ni nada que se le parezca, y aún sigue buscando su orgullo desde que lo perdió en la habitación sesenta y nueve de aquel hotel de Las Vegas, cuando, algo bebido de más, confundió a la camarera que se le insinuó esa tarde en el ascensor, con la aspiradora que cogió en brazos horas después del cuarto de limpieza que había pegado al montacargas que le permitió llegar hasta la planta en la que le esperaba su amplia cama de agua.
Así que después de dejarse la piel casi en carne viva de tanto restregarse para sacarse ese olor nauseabundo de encima y adquirir unas nuevas gafas graduadas a lo que realmente necesita su vista, aprovechando la fresca, se ha echado de nuevo a la carretera. Llegando justo con las primeras luces del alba a una de las primeras playas murcianas. Se las creía él todas consigo, pero mira tú por donde ésta de virgen nada de nada, una modernísima construcción de restauración la tiene completamente deshonrada, ¿qué se le va a hacer?, aún queda mucho litoral por delante.
Después de no pocas jornadas y tras diversas peripecias Enrique está empezando a desesperarse, pues cuanto más asciende por la carretera nacional, entre nuevas construcciones que casi amenazan con caerse directamente al mar y gentes que se le han adelantado, no hay manera de desvirgar a ninguna rubia, ni morena, ni castaña, ni calva vamos. Aunque parezca mentira por ahora todas las orillas están en mayor o menor medida medio prostituidas, cuando no directamente ya casi muertas y enterradas bajo toneladas de hormigón y acero. Menos mal que piensa: << Siempre nos quedaran los islotes pegados a los acantilados>>. Así que como último recurso se ha decidido, aprovechando la marea baja de la mañana, el cruzar a nado hasta uno de los más cercanos y solitarios, para después de aguardar la caída de la tarde ponerse manos a la obra. Al final, haciendo gala de su inseparable cenizo, nada ha salido como él esperaba:
Durante el día, tras no encontrar ni una mísera sombra donde cobijarse de los rigores estivales, ha terminado cogiendo una dolorosa insolación de aquí te espero, encima las gaviotas que anidan en la parte alta del islote, creyendo que era un depredador de huevos le han atacado varias veces, llegando incluso alguna de las más atrevidas a picarle en la cabeza, y para colmo de males llegada la oscuridad una lancha rápida de narcotraficantes ha intentado esquivar a la patrullera de la Guardia Civil en su veloz persecución, refugiándose en la mínima ensenada de la parte norte de la isla, precisamente la única que tenía una pequeña playa virgen de cautivadoras arenas doradas. Refugio que ha terminado, con la llegada del nuevo día, siendo precisamente una ratonera tanto para los narcos como para Enrique, que ha sido esposado y conducido con el resto de arrestados a las dependencias que la Benemérita tiene en dicha localidad.
Ahora sí que el pobre de Quique ha recobrado de golpe el sentido común, y después de gracias a Dios aclarar todo el incidente, se ha vuelto con el rabo entre las piernas hacía sus tierras de secano, jurando que no vuelve siquiera a pensar en desflorar ni uno de los muchos charcos que se forman tras las tormentas de verano en su querida llanura manchega.

11 comentarios:

  1. Pobre Quique, si es que eso de buscar vírgenes, aunque sean playas, ya es un deporte de alto riesgo. Además, ¿pa qué?, con lo decorativa que es la piel rojo cangrejo, el chiringuito, los balones azules que saltan sobre ti llenándote de arena, el olorcillo a Cabronell (huy, perdón) de los bronceadores... el que no se conforma es porque es narco.
    Besitos.

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  2. Por la parte de Cadiz, muy escondidas, quedan algunas. Gracias por tu comentario, prefiero que no me sigas y me comentes cuando te apetezca, las puertas de mi blog están abiertas para todo el mundo. Veo a las personas como hormigas desde la altura, además, prefiero ser positiva...la cigarra para mi es negativa...Un abrazo.

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  3. Y es que las playas ya no son lo que eran!
    Has de investigar arduamente para llegar a una algo más salvaje,pero con la deseada y inestimable "soledad" de tener solo unos pocos convecinos habilidosos,incansables y ansiosos buscadores de un metro cuadrado donde tumbarse a la bartola y nadar sin tropiezos en el mar.
    Un beso.

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  4. jajajja
    Está genial.
    Una sátira descarnada y de un gran sarcasmo.
    Yo no daré la dirección de esta calita que tengo virgen muy cerquita, no es para los de secano como Quique :)

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  5. Me he divertido muchísimo leyendo las a venturas y desventuras de nuestro Enrique, desflorador de parajes e ínclito descendiente de la genética y larga familia de exploradores españoles que durante siglos surcaron... otros mares...
    Un beso y gracias por este magnífico rato.

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  6. ¿Aún quedará alguna playa virgen?
    Mira que da miedo Enrique, mucho.
    Besos Acrobatita.

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  7. Hola Tomás!!

    Seguro que quedan playas virgenes,pero son virgenes porque casi nadie las conoce,y es mejor que sigan así,siendo un paraíso oculto de nuestras miradas.

    Un abrazo

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  8. Seguro que habrá aprendido la lección.
    Mejor en su casa y lejos de los problemas.
    Total para qué?

    Saludos.

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  9. Tu ironía... deliciosa :)

    No hay mejor que no encontrar, cuando no se quiere hacerlo...

    Yo conozco una de esas playas, pero me reservo las coordenadas y es que en ocasiones más de uno es multitud...

    Besikos desde la orilla :)

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  10. Y bueno, Quique supo que las playas vírgenes traen problemas...pèro que las hay, las hay.

    Saludos, Tomás.

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