jueves, 14 de julio de 2011

Las matemáticas.


Expósito Sánchez Sánchez, el vecino de rellano de mi amigo Evaristo, es un hombre de grandes números, amante de los entresijos matemáticos y de los placeres culinarios. Ya desde pequeño apuntaba maneras el chaval, y si con apenas once años de edad era el único chico del barrio al que nunca paraban los porteros de las salas de fiesta no era porque fuesen sus amigos, más bien resultaba de la suma de su enorme humanidad junto al falso bigote postizo de su tío, que no dudaba en colocarse cada sábado noche. No es que tuviera madera de depravado o estuviese ansioso por ser adulto, la realidad era tan sencilla, como que en esas salas solían sobrar gran parte de los canapés dulces que servían en bandejas para acompañar la gigantesca ensaladera de ponche que presidía la velada festiva.
Hasta hace muy pocas fechas, su vida, a lo largo de estos treinta y tantos años había transcurrido sin apenas sobresaltos, todo le había venido dado por el normal transcurso del tiempo, todo lo que no se refiera a trabajar, casarse y formar una familia. Es decir, fue superando etapas sin inmutarse demasiado, lo único quizás reseñable es el exponencial crecimiento de su voraz apetito, hasta llegar a las dimensiones físicas actuales que no le permiten salir de casa, pues no coge su inmensa humanidad en el ascensor y por supuesto se niega a bajar cinco pisos por las escaleras. No por bajarlos, eso apenas si le frena, sino por subirlos, sabe de sobra que no podría. Así, amenazado por su familia, consintió, hace unas pocas fechas, el ponerse a régimen para entrar al menos en las clasificaciones de masa corporal de los médicos. Tras conseguir que un endocrino se acercase hasta su vivienda (estaba muy claro que tuvo que ir Mahoma hasta la montaña), éste le puso un estricto régimen alimenticio de tan sólo mil seiscientas calorías. Una auténtica broma pesada para su estómago, acostumbrado como estaba a consumir eso nada más que en el desayuno. Además, le aconsejó vivamente el realizar alguna actividad deportiva por pequeña que esta fuese.
A partir de este nefasto momento en la vida de Expósito, es cuando se puede decir que entró en funcionamiento su mente matemática, y siguiendo los dictámenes de la lógica aritmética comenzó a pensar en la manera de seguir su propia versión de la dieta y del ejercicio. Lo del deporte no tuvo ninguna complicación, fue tan sencillo como cambiar sus hábitos de juego en la consola y pasar de las violentas experiencias de guerras extraterrestres a los inocentes juegos sobre deporte. El tema de la comida vino a resultar bastante más complicado y tras unos pocos días durísimos donde casi no podía resistir el hambre, decidió llevar a cabo el plan alternativo que entre suspiro famélico y quejido estomacal había conseguido idear. Así, para probar la teoría matemática, permaneció un par de días de ayuno absoluto, superando el trago tomando somníferos, y al tercer día resucito para engullir en una sentada sus cuatro mil ochocientas calorías. Ya se sabe, según dicen los entendidos, el orden de los factores no altera el producto. De este modo tan particular ejerció su dieta durante unos pocos días más, pero no conforme, decidió alargar su ayuno, no dudando en irse a las seis jornadas sin tomar alimento alguno, para al séptimo día, después de edificar por completo su mundo de sueños, sentarse a la mesa a descansar y hacer lo que más le gustaba, dar rienda suelta a su instinto devorador. Después de semejante bacanal alimenticia no le quedó a su pobre madre más remedio que llamar a los bomberos para poder llevarlo al hospital, pues como no podía ser de otra manera sufrió una indigestión que por poco le lleva directamente junto al creador. Ahora, ingresado en el ala oeste del centro médico, se consuela equivocándose a propósito con los sudokus y de esta manera se demuestra a si mismo que hasta las matemáticas en ocasiones yerran. Menos mal, que no todo iban a ser malas noticias, y su queridísima madre le ha comunicado la buena nueva de que su vecino Evaristo (un auténtico ángel de la guarda comunitario)va a venir todas las mañanas a hacerle compañía mientras esté de vacaciones, por lo menos, si otra cosa no, su mente no se aburrirá tanto como su estómago.


                           acróbata



6 comentarios:

  1. Esas matemáticas no siempre son tan exactas, en algunos casos, en los que la gula ataca, llegan a ser exponenciales.
    Buen relato, acróbata.
    Besos.

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  2. Como detesto las matemáticas y las dietas.


    Por favor!!!!


    Permiso para seguir revisando.

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  3. Si es que la dieta con matematicas no hacen buena mezcla.
    Me encanto la facilidad con la que asumió lo de hacer deporte... seguro que la consola no era la WII.. eso sería demasiado para él. Je,je.

    ¿Nos contarás los días que pasa Evaristo con su vecino en el hospital? Algo me dice, que eso no va a tener precio.

    Besos.

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  4. Me ha recordado muy mucho al inefable Ignatius Reilly.

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  5. Está visto que las matemáticas fallaron esta vez, no funcionaron las proporciones...
    A ver como se porta Evaristo.

    Un saludo grandote Tomás. Que tengas linda noche.

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  6. Hola Tomás!!

    Lo que suele hacer las personas para perder peso!es muy triste,intentar dietas que no dan resultado y entonces,por falta de paciencia ponerse a hacer verdaderas locuras que te pueden hacer enfermar seriamente.

    Lo has contado muy ameno,haber Evaristo que hace...

    Un besito
    Gracias por tu comentario!!

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