viernes, 15 de julio de 2011

Adelante.


Aprovechando la marcha de vacaciones de la gran mayoría de morosos, mi primo Juan (el regente del negocio afiliado a la franquicia del cobrador del frac) ha decidido dar un par de semanas libres a Evaristo, hecho éste que lejos de alegrarle la vida le ha provocado un nuevo quebradero de cabeza. Por supuesto mi amigo sabe, sin margen de dudas, que no se las piensa pagar, trayendo con ello un nuevo problema a su ya de por si deteriorada salud financiera y a sus planes de llevar, después del verano, a la abuela al Santuario de Lourdes para rogarle a la Virgen que la enderece un poco. Y es que la mujer sólo está dispuesta a ponerse en las manos de Lourdes o de Fátima, trayéndole esta primera mejores pálpitos, pues en sus años mozos cuando iba cada temporada a la vendimia la visitó en una ocasión, y ésta la correspondió proporcionándole un marido de buen ver que por desgracia nada más que le aguantó la noche de bodas, pero bueno eso es otra historia. Pintaban bastos para Evaristo, menos mal que es un hombre de recursos, y después de leer detenidamente los anuncios breves del diario, por casualidad, se ha topado con una escondida columna editorial que habla sobre nuevas formas de financiación a la Seguridad Social, y cómo no, se le ha encendido la bombillita. Así, aprovechando el ingreso de su vecino Expósito en el hospital comarcal, a consecuencia de una severa indigestión, ha pensado acercarse cada mañana, bien temprano, a visitarlo, y colocándose en la puerta de su habitación, con el bastón de almendro que heredó del abuelo, sólo permitir el abandono de la estancia a todo aquel que esté dispuesto a colaborar simbólicamente con el pago de un miserable euro. De esta manera mata varios pájaros de un tiro: En primer lugar cumple con sus obligaciones de buen vecino. Por otro lado, también crea una nueva fuente de financiación para su maltrecha economía, asegurándose la fuente de ingresos necesarios para el viaje al sur de Francia. Y por último, no menos importante y educativo, va allanándole el camino a la Consejería de Salud, ya se sabe lo reacia que es la gente a los cambios cuando éstos tocan sus bolsillos. Así, cuando los responsables políticos impongan su, según dicen, brillante e imprescindible medida, los ciudadanos ya estarán acostumbrados a la llamada tasa del euro y no se formará tanto revuelo.
En un primer momento había pensado llamar a este pequeño e insignificante impuesto “copago”, pero no queriendo pisarle la idea a la mente que lo ha ideado, el ha decidido no cobrar la entrada, sólo la salida, y como no iba a ser menos también ha bautizado su idea con un nombre algo más simpático y cinematográfico: “El impuesto Fendetestas”.
Ya desde el primer día se las ha venido prometiendo muy felices el bueno de Evaristo con su brillantísima iniciativa, y la verdad, todo ha ido  a pedir de boca, uno tras otro (auxiliar de clínica, técnico sanitario, limpiadora, la mujer del compañero de habitación de su amigo, la madre de Expósito, su hermano, su tío Pedro, el equipo médico al completo, y hasta el cura del hospital) han ido entrando a la habitación sin sospechar por un momento que Evaristo no les permitiría la salida hasta que no abonasen la pertinente tasa “Fendetestas”, llegando la pequeña estancia a parecer el mismísimo camarote de los hermanos Marx. El problema ha surgido cuando éstos, bastante apretados en tan escaso espacio y cansados de lo que creían una broma, han querido abandonar la habitación y mi amigo les ha comunicado muy formal el nuevo impuesto a abonar. Éstos lejos de negarse a pagar el mísero euro ,es innegable el efecto psicológico de la vara de almendro que con maestría bambolea Evaristo bajo el umbral de la puerta, (menos mal que ninguno ha hecho el serio intento de salir, pues conociendo a mi amigo, que es incapaz de hasta golpear a un mosquito, su estrategia se hubiese venido abajo como un simple castillo de naipes), han acordado llamar al Consejero de Sanidad de la Comunidad Autónoma para que negocie su salida, y éste, tratando de evitar escándalos mediáticos, ha intentado convencer a mi amigo ofreciéndole un pagaré como garantía de cobro. Vamos a él, que es el empleado modélico de la empresa de cobros difíciles con esas, como si no supiese la de problemas que ha ocasionado ese maldito invento que más que dinero es auténtico papel mojado. Al final, tras un duro tira y afloja y bajo la velada amenaza de llamar a las autoridades (no avisadas con anterioridad por permanecer éstas en huelga de hambre desde hace una semana a causa de las nóminas atrasadas que se les deben) han conseguido convencer a Evaristo para que acepte sólo setenta céntimos por visitante. Eso sí, el acompañante de habitación de Expósito que es farmacéutico, viendo lo duro que es mi amigo para negociar, nada más quedar desalojada la habitación le ha ofertado un trabajo a su medida, a ver si así, encargándole el cobro de facturas pendientes, consigue de una vez sacarle algo al hospital de lo mucho que ya le deben.
Es increíble, pero donde menos se lo esperaba mi amigo le ha surgido la oportunidad para no quedarse desempleado esta próxima quincena de Julio.

                             
                                    acróbata

2 comentarios:

  1. Y es que a Evaristo las ideas le llueven!! Además gran negociante.

    Un saludo enorme, Tomás. Que pases lindo fin de semana.

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  2. Caray...¡yo quiero ser como Evaristo!
    No menosprecia idea alguna que se cruce en su camino sabiéndole dar ese toque único que sólo él sabe darle.
    Genuino que es uno,oyes!
    :)
    Ya están ahíiiiiii...ejem,,,los copagos digo que van a poner los fantasmas...
    Mil perdones se me fue la lengua.
    Besos.

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