jueves, 9 de junio de 2011

La apuesta.


A mi buen amigo Evaristo nunca le han gustado las apuestas y cada vez que alguien de su alrededor le reta con cualquier juego de apostar, aunque sea una simpleza sin importancia, él al momento se apaga como cerilla prendida en mitad de un vendaval, cayendo en uno de sus prolongados mutismos. Los que le conocemos bien tratamos de evitarle esas absurdas rivalidades competitivas que tan malos recuerdos le traen a Evaristo. Esta melancólica actitud suya viene ya de lejos, de cuando siendo un niño, prácticamente ya metido en la pubertad, su padre y su abuelo Enrique se apostaron en el comedor de casa, mientras los tres juntos veían un reportaje sobre descenso a pulmón libre en los cenotes del Yucatán, quién de los dos aguantaba más la respiración. En un principio, el abuelo que era un exagerado para todo, propuso hacerlo sumergiendo la cabeza en la bañera de casa y que Evaristo hiciera de juez a ver quién resistía durante más tiempo sumergido, pero conociendo el mal genio de su nuera, accedió entre regañadientes a la proposición de su hijo:
Mejor cada uno sentado en su sitio aguantaba la respiración todo lo que pudiese tapándose la nariz con una pinza de la ropa y manteniendo la boca bien cerrada.

Lo que en un principio tan solo era un simple juego más, llevado a cabo por los dos modelos masculinos en la vida de mi amigo, terminó en tragedia, pues en esta ocasión acabaron derrotados ambos, ya que prefirieron asfixiarse antes que perder la apuesta. La verdad es que se veía venir una de éstas, ya que era tan grande la rivalidad existente entre padre e hijo, que baste que uno fuera del Real Madrid para que el otro fuese del Barcelona, llegando incluso al caso que cuando uno se pasó al equipo merengue porque se cansó de ser tildado de polaco, su progenitor inmediatamente se hizo socio del club de la ciudad Condal porque ya no quería seguir perteneciendo al equipo de la capital. Tan tremenda era la rivalidad que como Enrique había sido toda su vida pescadero su hijo nada más cumplir del servicio militar puso una carnicería. Y así se habían tirado toda la vida, bastaba que uno dijese blanco para el otro decir negro, que uno se afiliaba a un partido de derechas, el otro enseguida al de izquierdas.
A raíz de esta traumática experiencia, Evaristo perdió para siempre las pocas ganas que pudiese tener por las apuestas. Para colmo, como las desgracias nunca vienen solas, justo a los diez meses de enterrar al padre y al abuelo, por supuesto los dos en nichos pegados pero a la misma altura, vino al mundo su hermana Milagros, dejando él de golpe de ser el pequeño del hogar y teniendo que ayudar mucho más a su madre en todas las tareas de casa y de la carnicería, ya que su hermano Félix, que apenas si era un muchacho, se alistó de voluntario a la Legión y marchó al África a conocer mundo. Menos mal, que fue entonces cuando su abuela Dolores se vino a vivir con ellos para ayudar principalmente a su hija con el cuidado de la niña y que así su madre tuviese más tiempo para intentar salvar el negocio familiar de la inevitable quiebra que parecía venírseles encima por momentos.



                                                                       acróbata

13 comentarios:

  1. No me extraña que la madre se diera una alegría, la pobre, después de aguantar a ese par... No hay mal que por bien no venga.
    Simpático Evaristo.
    Besitos

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  2. Cuando cabezonería humana quiere vestirse de Razón... malo.
    Un abrazo!!

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  3. Vaya par... menos mal que llegó Milagros.
    Muy a certados los nombres de todos los personajes.

    Besos.

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  4. Suscribo lo que comenta "Jana la de la niebla". Los "milagros" se dan cuando la vida parece que no deja salida.
    Y la madre de Evaristo, supo encontrarla.
    Un abrazo.

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  5. La madre de Evaristo, una fenómena.

    Un besito!

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  6. La madre de Evaristo, un encanto...
    Pero es él, Evaristo, el que me tiene "flipada".
    Cuando me le presentaste por primera vez me pareció incluso algo garrulo, pero ahora que le voy conociendo mejor creo que es un filósofo de la calle.
    Me encanta como se desenvuelve por la vida y muchas, que no todas, las ideas que le rondan la cabeza. En esto de no apostar, estoy con él al cien por cien.

    Un abrazo Tomás.

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  7. Madre mía eso es cabezonería pura y dura,pero llevada al límite máximo de la estupidez,jajajaja
    Mira me ha parecido como siempre genial este relato de parte de la vida y "milagros" de Evaristo,donde todo lo encajas divinamente...o no...¿a los diez meses?
    Un beso.

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  8. Por algo se llama su hermana Milagros...

    Muchas gracias por vuestros comentarios, gustosamente se los transmitiré a Evaristo.

    Abrazos gente!!!!

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  9. Y existen personajes así, cabezones hasta la muerte.
    Los dos se asfixiaron porque eran igualitos en el fondo.
    Pobre Evaristín, mándale un beso.

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  10. Y si, en la vida existen los "Milagros", más si se se dan justo a los diez meses...
    Evaristo y sus historias. Un genio.

    Saludos, Tomás. Buenas noches.

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  11. Evaristo no lo ha tenido nada fácil.
    Se merece un gran homenaje.

    Saludos.

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  12. Ja, ja, ja GRACIAS POR TU INGENIO!!

    Las apuestas resultan caras... Suerte que de tanto en tanto, reparece la razón en el filo de la cuerda floja ¿ no resulta emocionante?

    BESOS Y FELIZ FIN DE SEMANA ;))

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  13. La cabezonaría no es buena para nada, el final está predestinado.

    Muy buen relato :)

    que pases un buen finde.

    Un abrazo :)

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