miércoles, 22 de junio de 2011

J. Daniel´s.



Mi nombre es Daniel´s, Jack Daniel´s, aunque no todo el mundo me llama así y algunos se toman la licencia de nombrarme de mil maneras diferentes, a saber cuál de ellas más original o desafortunada. Desde agua de fuego que ya me llamaban  aquellos hombres de tez rojiza, larga cabellera emplumada y muy mal beber, hasta milagroso elixir de la eterna juventud que era como cariñosamente me conocían esos vendedores ambulantes que viajaban de pueblo en pueblo, ganándose el pan timando a los pobres colonos con supuestos crece pelos y otros licores espirituales de dudosa procedencia, en aquellos tiempos difíciles de continuo viaje hacía el Oeste, en los que era un gran negocio venderme de estraperlo. Esto de disfrazarme para superar censuras no es algo poco habitual. Ya antes a un primo lejano mío al otro lado del Atlántico, lo paladeaban servido en tazas de café las viejas arpías, mientras la guillotina subía y bajaba en la plaza abarrotada de frenéticas gargantas al ritmo constante del alarido festivo de un pueblo con sed de sangre azul, que una vez bebida ésta, embriagado como estaba en el delirio del derramamiento masivo del plasma venoso, no dudó en hacerle guiños, al rojo arterial de todo ciudadano que cayese en desgracia a los ojos de unos tribunales algo duros de oído, y con una mirada sucia, donde todo era contemplado desde el horizonte de la culpabilidad.

Dicen que nací un buen día por las fecundas tierras de Tennessee gracias a un exceso de cosecha de maíz, pero conociendo como conozco al género humano, siempre he creído sin margen de duda que más que por una superproducción de ese cereal, vine a este mundo para paliar una carencia muy mundana. La de servir, tanto para celebrar las victorias brindando en multitud, como para ahogar las penas de las derrotas en la más completa de las soledades. Sí, también he de reconocer que algunos sólo se acuerdan de mí para degustarme de tarde en tarde junto al fuego de una chimenea, mientras tranquilamente disfrutan de la compañía más variada: Desde un libro, una buena canción o por qué no, aquello mismo que estás pensando. Pero estoy casi convencido, que si sólo fuese por estos últimos, es muy posible que no me hubiesen creado y tal vez se las habrían arreglado con ese lejano y aristócrata pariente mío escocés que no es tan suave y acaramelado como yo.
En verdad, siendo justo con ese primo europeo, debo decir que yo también vengo de rancio abolengo, pues mi cuna ha sido de roble centenario y he dormido entre algodones al menos durante un par de años. Aunque para qué engañarnos, siendo más preciso, raro es el paisano mío que no pasa al menos cinco años disfrutando de mimos y cuidados a cuerpo de rey.
Ahora, contemplo el mundo pasar desde esta vieja estantería, atestada de viejos conocidos que al igual que yo, contenidos tras estas transparentes paredes de cristal distorsionante van menguando cada día entre trago y trago de los espíritus solitarios que por aquí asoman. Añadir que no todos los parroquianos son bienvenidos, aunque si por supuesto atendidos en mayor o menor medida por mí o por mis congéneres. Pero a mí lo que realmente me apasiona es derramarme desde bien alto cuando sus suaves manos me alzan de la cintura con tierna firmeza, y sacudiéndome ligeramente, voy escurriéndome encima de unos fríos cubitos de agua congelada que ante el contacto del fuego de mis entrañas se funden como simples icebergs errantes arrastrados por la corriente a latitudes más amables, lástima que ella aún no me ha catado, pero no desespero.

Para finalizar de hablar solamente de mí, he de confesar, que para mí no todos los paladares son iguales y si me dieran a elegir un final, elegiría irme cayendo primero con un grácil movimiento de su muñeca  en un pequeño vaso de cristal simpáticamente llamado chupito, (es curioso este nombre, mi compañero mejicano de estantería siempre afirma con su gracioso acento arrastra vocales que una buena chupada nunca viene mal, pero ya se sabe como son estos hispanos, siempre con eso en el seso, pero bueno, esa es otra historia). Como iba diciendo, me iría después de sentirme casi desbordado en el mínimo vaso que desnudo me sostiene, para de un solo trago ir a fundirme en su boca sedienta con su saliva echa almíbar. Y así, los dos hechos uno, ir recorriendo despacio el angosto canal de su garganta, uniéndome a su caudaloso torrente sanguíneo hasta llegar al núcleo de cada una de sus células amantes.

Vaya, por ahí asoman dos nuevos clientes, a ver si con un poco de suerte no me pide ese de ahí, que tiene una pinta que tira de espaldas y si acaso tiene que ser alguien que sea aquella mujer fatal que se ha sentado frente a mí y me mira con ojos de deseo contenido.

-Buenas, ¿qué va a ser señor?- dijo la joven barman.

-No sé, aún no me he decidido, ¿qué me aconsejas tú guapa?

-Bueno señor, aquí yo no estoy para aconsejar, sólo para servir.

-Vaya, tiene carácter la nena- siseó babeando el tipejo

-En fin, mientras se decide atiendo a otros clientes- comentó exasperada la camarera.

Y desde la otra esquina de la barra, justo enfrente de la tupida estantería de licores, la joven y provocativa mujer rubia de pechos desafiantes con la ley de Newton  y mirada lánguida, pedía con una ensayada voz sensual:

-Un Ginger ale en vaso corto con muchos cubitos y un tequila doble sin sal ni limón por favor.

Pero el hombre, ebrio de soberbia y herido en su orgullo, ante semejante desprecio, poco acostumbrado a esperar, alzando su vozarrón añadió:

- Eh, tú, muñeca, suelta la parsimonia y ponme ya mismo un Bourbon y lo de esa rubia lo pasas a mi cuenta.

La barman que estaba soportando un día algo más que torcido: Le habían denegado la solicitud de convalidación del carnet de conducir otra vez  y ya no podía reclamarlo más, llevaba ya tres meses sin cobrar ni un dólar, no pudiendo pagar el alquiler al casero que la había amenazado con echarla a la puta calle, y encima le había venido la regla fuera de fecha, sirvió muy enfadada las bebidas, equivocando los pedidos.
Para mí fue una bendición, pues no quería tener nada que ver con semejante energúmeno. No es que la rubia antigravedad me cayera muy bien, pero claro no había color, aunque lo que realmente quería desde que llegué del almacén a aquel tugurio y sentí el calor de sus manos sobre mi contención de cristal era lo que hasta ahora nunca había conseguido, fundirme con ella en su paladar y recorrerla con mi fuego de fuera a dentro por todo su cuerpo.

La rubia tras atizarle al tequila, (vaya suerte la de estos latinos), se empinó de golpe tratando de refrescarse, lo que ella pensaba que era el pequeño Ginger con hielo y de la impresión nada más notarme en sus labios me escupió encima del mostrador, poniéndolo todo perdido, desde su exiguo vestido, cuya misión no era cubrir nada sino más bien incrementar sus voluminosas curvas, hasta los aperitivos ya pasados que sobrevivían sobre la barra al paso de las estaciones en unas pequeñas canastillas de tejido algo más que dudoso. Prácticamente en el mismo instante, el tosco hombre de la otra esquina de la barra, escupía a su vez también el escaso contenido del chupito, pidiendo explicaciones realmente hecho una furia:

-Eh tú, enana de mierda, qué cojones me has servido aquí, el agua de lavar tus sucias bragas.

La camarera, que nunca había necesitado un cuerpo fornido para hacerse respetar, inmediatamente, con una fiereza y determinación sorpresiva, echo mano de la primera botella que estaba más cercana, menos mal que era la de mi compadre Zapata, ya casi vacía, no como yo, que estaba prácticamente medio lleno o medio vacío, según se mire, y con agilidad felina se la estampó al mal encarado rufián en toda la cabeza. Al momento, un fino reguero corría por sus sienes y éste al tocarse la sangre manando mejilla abajo y ver sus manos totalmente teñidas de rojo, se desmayó de pronto, yendo a caer su enorme humanidad de más de cien kilos sobre el suelo. La rubia, que en un principio, al ver la reacción de la joven barman había enmudecido de golpe, arrancó a gritar como una posesa, produciendo que el dueño del bar, un miserable de mucho cuidado que vivía en el piso superior de su establecimiento, alertado por el escándalo que le había estropeado la siesta con la señora de la limpieza, bajase a medio vestir, armado con su viejo Winchester dispuesto a poner orden en su establecimiento. Entrando justo por la puerta en el mismo momento en el que su valiente empleada hacía callar de golpe a la histérica rubia, tras  arrojarle por encima todo el contenido de la gigantesca cubitera que normalmente tenía bien llena de agua helada para imprevistos como estos o acaso peores.

Por supuesto, tras comprobar su jefe el resultado de la escena no hizo ni falta que la despidiera, ella misma agarrándome bien fuerte por el cuello con su mano le espetó al viejo negrero:

-Aquí te quedas montón de carne egoísta y morosa con tu asqueroso tugurio, esta botella de Jack Daniel´s y yo nos piramos para siempre de tu vista.

-Que sepas que esa botella te la descontaré de tu sueldo maldita loca- contestó algo atemorizado el hombre descamisado.

-¿Que me la descontarás?, serás sinvergüenza, que aún me debes la nómina de tres meses.

-¿Tres meses?, ¿y eso qué es?, todo este destrozo y la posible denuncia de estos dos,- ambos algo ya más calmados permanecían sentados bien juntitos en una de las mesas cercanas contemplando con ojos como platos el desenlace final- seguro que me va a costar mucho más.

-No, si no quiero el dinero, así todo lo que ganas estafando dando garrafón en vez de lo que la gente pide te lo tengas que gastar en medicinas para tus famosas hemorroides- (Llegados aquí he de decir que ahora comprendo porque después de tanto tiempo en este sitio he resistido con toda mi esencia casi intacta, gracias a Dios que poco me han servido, ¿será que estaba destinado ya de antemano para una sola boca?, no sé, el destino y sus curiosidades) contestó la joven barman mientras recogía en una pequeña mochila deportiva sus pocas pertenencias, y con un fuerte portazo y un escupitajo en el suelo salimos al fin de ese lugar, que la verdad, nunca me había gustado demasiado. No sé, a través de mis hermanos de alma embotellada, he conocido peores antros, qué digo peores, muchísimo peores, pero también mejores lugares, casi idílicos paraísos, como el que por ejemplo me esperaba esa misma noche.

Por fin, tras tanto desearlo, acabamos ella y yo enredados en un abrazo infinito sobre la cama de su cuarto, unidos para siempre. Ni una sola gota dejó de mí en la botella, y yo, henchido de amor la recorrí de arriba a bajo, de norte a sur, de este a oeste, envolviéndola con toda la ternura, amor y pasión de la que fui capaz, y otra cosa no, pero experiencia en emborrachar tengo. Quizás en otro cuerpo hubiese dejado al día siguiente, presuroso por marcharme de allí, una resaca de mil puñales en las sienes y de algunos cientos de martillazos en la nuca, pero con ella no, pues no es que no tuviera prisa por abandonarla, es que quería permanecer en ella para siempre, fundiéndome con cada célula de su ser. A la mañana siguiente despertó mi reina como nueva, ni ella misma se lo creía, no era bebedora habitual y esperaba un día terrible, pero ya me encargué yo, velando su sueño, de cuidarla y dejarme metabolizar sólo lo justo y necesario para que no padeciese, eso sí, a cambio conseguí que aborreciera para siempre el mínimo olor a alcohol, no era cuestión de compartirla. Ella esto aún no lo sabía, pero ya de viaje, ese mismo día hacía Europa, lo pudo sentir cuando la azafata le ofreció un Martini seco y al instante le produje una violenta arcada que asustó un poco a la uniformada chica.
Al fin lo había conseguido, yo, un simple Bourbon embotellado y ella la princesa de mis sueños etílicos, los dos hechos uno, volábamos rumbo a París, a su coqueto piso de La Place de La Concorde. Para ella era un regreso después de su mala experiencia americana, para mí, que soy muy americano, ha sido la experiencia vital que ahora después de tantos años de vida en común aquí os cuento.

Está muy claro que la fuerza del amor es la fuerza más poderosa del Universo por mucho que algunas teorías científicas quieran hacernos creer otra cosa. Cuánto nos queda aún por aprender…
Por cierto, ella y yo seguimos juntos, muy juntos y ni ella bebe ni yo le doy motivos para ello, ella continua siendo mi reina abstemia y yo su amor profundo que la recorre por dentro noche y día sin descanso.


                          acróbata

18 comentarios:

  1. Hola Tomás!!

    Maravilloso relato,apasionado y tierno,lleno de humor y con un toque sensual.

    Me ha gustado mucho la historia y tu forma de contarla,que me la he empapado enterita,y eso que no me gusta la bebida,jaja,vaya que cosas!!!

    Un fuerte abrazo!!!
    Gracias por venir a verme

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  2. Muchas gracias Estrella por tu visita y comentario.

    Me alegra que te haya gustado.

    Feliz tarde amiga.

    Besos.

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  3. Aysss.... te has olvidado decir "Lagrimas de dioses" (jajajajaja así lo llama un amigo mio.

    Yo personalmente prefiero el Kardhu,Knockando o Lagavulin, pero eso si, siempre en vaso corto y sin hielo, ¡of course!

    ¡Un abrazo de miércoles desde los Pirineos!

    Marta.

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  4. En el bar la banda sonora que me imaginaba era partiendo la pana de Estopa, jajajaja, no me preguntes porqué.

    Sabes que las resacas se producen por falta de hidratación?????????? el alcohol deshidrata, por eso una noche de borrachera, si antes de meterte en la cama te bebes unos vasos de agua, al día siguiente nuevo!!!


    Marikosan

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  5. Muchas gracias por vuestros comentarios.

    A Soñadora: Tomo nota con lo de "lágrimas de Dioses", en cuanto a mis gustos..,prefiero el ron, supongo que será porque me tira más ser pirata que vaquero.

    A Marikosan: ¿Estopa?....no se me habría ocurrido en la vida....con la de música Country buena que hay...Para la resaca lo mejor es no excederse con las copas...¿técnica?...pues en cuanto observes que hablas de más para de beber, es infalible...jajajaja. Chin-chin.

    A El hombre de Alabama: Salud, no me extraña que luegos vayas por ahí confundiendo gente con ciervos...jajajaja

    Abrazos.

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  6. Un botellazo bien dado es un espectáculo inolvidable.
    Hablo con conocimiento de causa.

    Saludos.

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  7. Bueno, bueno me he quedado embriagada por la historia que es MARAVILLOSA... En realidad, es mi historia o -mejor dicho- la historia de por qué soy abstemia.
    La mía no fue con Jack Daniel´s, sino con un moscatel "a granel" en una visita-viaje de estudio a Burgos. El mismo final que la chica de tu historia... que me da arcadas cualquier licor.

    Te felicito, te aplaudo, te abrazo y te envío mi admiración porque me encantan estas historias en las que los seres inanimados toman las riendas de su vida.
    Bravo, Tomás.

    Un fortísimo abrazo, guapísimo.
    Hip! Hip!

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  8. Si, para eso que estoy pensando y no te diré!
    Bueno, que el botellazo estuvo perfecto, y el final de película...

    Saludos muchos, Tomás. Buenas noches desde mi tarde salteña.

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  9. buenas noches jack daniels!!!
    siempre magnifico acrobata, elegante muy elegante.

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  10. Tienes una imaginación increíble, hilvanas una historia en torno a una botella de tal manera que me he emborrachado, ayssssss.
    Dentro del mareo trato de buscar la imaginación necesaria, para distinguir la silueta de un amigo que quiero mucho y se llama Tomás, porque hace tanto tiempo que no lo veo...
    Porfa, si lo encuentras por esos mundos le dices que le mando muchos besos.

    Abrazotes

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  11. Qué derroche de imaginación la tuya.Tras la presentación, viene el despilfarro!
    Muy bueno,casi exótico el texto emborrachado de sensualidad y fiereza.
    Por cierto, yo ni Bourbon le llamo al pobre Daniel's, en mi vocabulario se queda con whisky a secas,aún sabiendo que no es lo mismo;pero para mi paladar que no entiende mucho,sí.
    Un beso.

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  12. Como dice Uka, un derroche de imaginación para conseguir una bella historia llena de humor y sensualidad.
    Un abrazo.

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  13. Un post maravilloso. Un texto lleno de humor y buen gusto. Ha sido un lujo leerte, Escribes fantástico, con excelente imaginación y talento. Te sigo. Un abrazo.

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  14. Que buen rato he pasado leyéndote¡¡¡
    mejoras con el tiempo,como el buen vino.
    Besos y deseando que te encuentres bien.
    Scarlata)

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  15. Sutil, ingenioso, apasionado, elegante y fiel...

    Magnifico relato Tomás, veo te animaste a publicar historias largas, genial la manera que conduces

    Me encantó degustarte una noche de sabado :)

    BESOS

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  16. Como dicen en mi pueblo.. má encantao! =)
    Gracias por pasarte por mi blog, a mi me ha merecido la pena descubirte ;)

    Un saludo

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  17. Tenías razón un relato perfecto, te felicito


    Susana

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