sábado, 18 de junio de 2011

Al otro lado.

En esta vida casi todo tiene explicación, incluso que mi amigo Evaristo lleve ya muchos años coleccionando esquelas funerarias. Prácticamente empezó con esta macabra costumbre recién estrenada la pubertad, cuando dio un salto cuantitativo su vida social, y pasó de poder nombrar tranquilamente con nombre y apellidos a todos sus conocidos, incluidos los difuntos, a en ocasiones no llegar a recordar siquiera como se llamaban algunos de los viandantes que le saludaban cuando se cruzaba con ellos por la calle. Y no por flojera mental o despiste sensorial, más bien porque empezó a ser archiconocido a lo largo y ancho de su barrio por su extraña capacidad extrasensorial y por su nueva situación familiar. Algo para él nada novedoso, pues desde que tenía conciencia siempre había jugado con algunos amigos que iban y venían de casa a su antojo. Algunas veces, en el silencio de la noche, acudían a los pies de su cama para jugar con él y no le dejaban dormir hasta bien entrada la madrugada y en otras ocasiones igual se tiraban un par de días sin aparecer por allí. Eso sí, siempre solían venir con algún que otro niño nuevo, que sustituía a otro que ya no volvería, pues según decían ellos mismos, había pasado a un escalafón superior, dejando ese nivel intermedio para siempre.
En casa sus mayores no le daban más importancia,  consideraban que Evaristo tenía mucha imaginación y que según creciese dejaría de jugar con los típicos amigos imaginarios, solamente su hermano Félix sabía que no se imaginaba nada, pues aunque no se lo dijese a nadie, él también los había visto jugando con su hermano menor a los pies de su cama. Casualidades de la vida, siempre en noches de tormenta eléctrica, mientras él muy asustado se había tapado con la manta hasta la cabeza. Sólo en una ocasión, totalmente aterrado con las amenazas que vertía a su hermano uno de los chicos que tenía muy mal perder a las damas, le pidió a Evaristo entre lágrimas que por favor se salieran a jugar fuera de la habitación, a lo que mi amigo le preguntó:

-¿Qué te pasa Félix, no te dejamos dormir?
-No, no es eso, bueno si, pero es que..tengo miedo. Evaristo, ese chico de ahí es muy malo y dice cosas muy feas.
-No te preocupes hermano, eso lo arreglo yo enseguida- y dirigiéndose hacía el chico que no paraba de lanzar amenazas, le propinó un sonoro coscorrón que le dejó bien calladito toda la noche.
-Venga Hermano, ya puedes seguir durmiendo, o ¿prefieres jugar con nosotros a las damas?
-No, ya me duermo Evaristo, muchas gracias y no te acuestes muy tarde, que luego mamá se enfada conmigo diciendo que no descansas en condiciones porque hablo en sueños- contestó Félix ya más tranquilo y totalmente henchido ante la valentía de su hermano menor.
Desde aquel mágico momento, nunca Félix dejó de admirar profundamente la decisión y arrojo de su hermano Evaristo.

Así fueron pasando los primeros años de infancia, hasta que esa capacidad de mi amigo Evaristo pasó a ser un secreto a voces, y todo porque el chico iba saludando por la calle a todo el mundo que conocía, y también a los que no tenía el gusto de conocer pero le saludaban a él, tanto a vivos como a muertos, pues en realidad no siempre los diferenciaba, dependía mucho de las condiciones atmosféricas de ese día y también de lo próximos que se encontraran. En verano era más sencillo, pues su aliento siempre desprendía un halo gélido y blanquecino que en la proximidad helaba, pero en invierno no era tan sencillo. Muchos lo consideraban un pobre desequilibrado, pues creían que esos rumores de que podía comunicarse con los muertos eran todo mentira y que el chico era un perturbado, algo no muy extraño viendo la trayectoria de su familia. En casa continuaban viéndolo todo normal, el niño tenía esa rareza que no perjudicaba a nadie y listo. Pero esto se truncó el día que murieron trágicamente en su presencia su padre y su abuelo. Ese día, Evaristo que se encontraba junto a un par de sus amigos del otro lado contemplando la apuesta de sus mayores, les pidió muy apurado cuando el asunto se puso serio, que le ayudasen a parar esa absurda competición, y estos le contestaron que tenían prohibido inmiscuirse en los asuntos de los vivos, ante lo que él les replicó:

-¿Cómo que lo tenéis prohibido?, ¿y entonces yo qué?
-Bueno, siempre se pueden hacer excepciones-contestó el mayor de los chavales.
-Pues venga, ayudarme a hacerles respirar, antes de que mueran los dos asfixiados, no veis que ya están morados- exclamó impotente el pequeño Evaristo con la mirada arrasada en lágrimas.

Esa tarde terminaron muriendo asfixiados los dos hombres adultos de su hogar y mi amigo prometió no volver a relacionarse con los del otro barrio. Como no siempre es tan sencillo, y a veces ha terminado hablando con algún que otro difunto reciente, creyéndose Evaristo que aún estaba vivo, decidió ir guardando todas las esquelas de los conocidos que iban muriendo para tener constancia de los que estaban aún a este lado y los que ya estaban al otro. De este modo, llegado el caso de tener alguna duda al respecto, poder consultarlo en su colección y así ignorarlos no dando pie a volver a verse mezclado en sus asuntos. Desde entonces, solamente viene haciendo un par de excepciones al caso:

Una es con su madre, que no está muerta aunque en ocasiones lo parezca, que está encerrada en el psiquiátrico regional con una rara esquizofrenia que le ocasiona que se pase gran parte del día hablando sola, incluso a veces discutiendo o sonriendo, depende del humor que tenga ese día. Es como si viviese en un mundo particular e imaginario donde no atiende a casi ningún estímulo externo, solamente cambia un poco la expresión si se le nombra a su hijo Evaristo.
A veces, en el silencio de la noche, el espíritu de su madre escapa del presidio de carne, huesos, piel y rejas que a diario la tienen encerrada y viene a visitarlo. Y así, acostados bien juntitos en la cama, como cuando Evaristo era niño, ella le narra sus aventuras diarias al otro lado, y aunque a mi amigo esos asuntos nunca le han atemorizado, no así como las películas de muertos que si le producen escalofríos, ella siempre le recuerda que no debe temer nada de los muertos, que sólo los vivos pueden hacerle daño. Ante lo que Evaristo le responde que no los teme, pues muchos han sido en alguna ocasión pasada amigos suyos, que sólo continuaba teniendo miedo de la mente retorcida de los vivos, que eran capaces de representarlos así de feos y malvados, cuando en realidad siempre venían con la imagen del momento más esplendoroso que hubiesen tenido en vida, y no eran ni malos ni buenos, eran como todo el mundo, pero sin ambiciones materiales.

La otra excepción, por desgracia para mi amigo, no son ni su abuelo ni su padre, él vio con sus propios ojos como los dos juntos se perdían, aún discutiendo sobre el vencedor de la apuesta, en mitad de la brillante luz que descendió para envolverlos y llevárselos para siempre. La otra excepción es un secreto a voces que aún no me deja desvelar.



                                           acróbata

12 comentarios:

  1. Me ha gustado tu relato Tomás,me ha mantenido espectante hasta el final.
    Es cierto a los fallecidos no debemos temer,eso es cosa de las películas,a quién tenemos que temer es a los vivos,por sus maquinaciones y egoísmos.

    Existe todo un mundo paralelo ahí fuera,para quién pueda "verlos o sentirlos",yo me conformo con éste,que ya es suficiente!!

    Sabes que cuentas muy bien las historias Tomás??

    Un abrazo
    Feliz finde

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  2. Muchas gracias Estrella, me alegra que te haya gustado y más aún que me digas que relato bien, eso intento, unas veces me siento satisfecho con el resultado y otras no tanto, en fin, mientras me entretenga seguiré haciéndolo.

    Un besazo para ti y feliz finde.

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  3. Yo tengo un amigo escultor que esculpe esquelas y dice que son para ahuyentar a los vivos.
    Me encantó el final, lo bordaste.
    Besos.

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  4. Nada que temer de los muertos, gran verdad.
    Y bueno, el final me recordó "La apuesta", un gran texto tambien.

    Saludos grandotes, Tomás. Buen fin de semana.

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  5. Uuuuuuupssssssss ...!!!

    No sé si porque en algunas partes de la historia me encontré, o porqué me alimentaste de un buen montón para escribir, además de un APLAUSO, te envio un GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS ;))

    ¡ Qué bien escribes Tomás, y cuanto llega!!!

    Guardaré en mis cajoncitos lo que sea menester y es que por mi casa un día, rondó también... la muerte...

    BESOS DE FELIZ DOMINGO SOLEADO!!!

    NAMASTÉ :))

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  6. Me encanta este relato tuyo me ha dejado con muchas ganas de más
    Un beso

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  7. Menudo festín de amigos el de tu compadre.

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  8. Muy buen relato. Me has tenido intrigadisima y el final muy bueno.
    Yo no colecciono esquelas, pero debería. Porque se me olvida quien ha fallecido y luego pregunto por cortesia ¿que tal esta tu...? Cagada total.

    Un abrazo y a disfrutar del solecito.

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  9. Interesante relato, aunque, como decimos popularmente, da un poco de yuyu...

    Hay dones que más bien son condenas.

    Un abrazo!

    PD. Si quieres, tienes un premio en nuestro blog!

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  10. Espero que ese secreto sea desvelado pronto.
    Ya sabes que me encantan estos relatos de miedo. De los muertos (imaginados o no) nunca hay que tener miedo pero de los vivos...vaya que sí.
    Besos y buena semana Acrobatita.
    Un beso para Evaristo y para cada uno de los de su colección.

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  11. Tu prosa engancha, tus historias están bien construidas y sabes como tener pendiente al lector.
    Ese final te deja con la hiel en los labios.
    Un buen relato.
    Un abrazo.

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  12. Me está costando mucho dejar unas palabras... (es por blogger).

    Maravilloso relato. No me imaginaba a nuestro Evaristo conviviendo con los muertos, pero es que es un tío especial.

    Me gustaría saber lo que aún no te deja contar... Será cuestión de esperar un poco más y ya nos lo contarás.
    Felicidades Tomás porque ha sido un ratito buenísimo el que he pasado con tu historia.

    Muchísimos besos.

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