sábado, 14 de mayo de 2011

Sin frenos.


Aprovechando el chivatazo anónimo de una llamada telefónica, mi amigo Evaristo, consiguió no hace mucho, localizar al fin a Facundo, uno de los morosos más esquivos e ingeniosos de la región, que lleva de cabeza a un buen número de Ayuntamientos de la zona. Ya que casi nunca paga por la autorización de las atracciones de feria en cada fiesta patronal, escabulléndose de mil formas distintas a la hora de abonar las pertinentes cuotas municipales. Así, según le iba informando, la cavernosa voz, que Facundo había montado, para una buena temporada, su negocio de autos de choque en el pueblo vecino, mi amigo, ya iba imaginando las grandes ventajas que este hecho le acarrearía, aunque no consiguiese cobrarle ni una de sus muchas deudas pendientes.
Aprovechando que sus sobrinos son unos fanáticos de las atracciones y que no tienen en casa ni un céntimo de más para llevarlos a los caballitos, después de comer en familia el tradicional arroz con carne, es decir, mucho cereal inflado de agua azafranada y apenas el poco aroma que deja la pastilla del concentrado alimenticio, Evaristo junto con sus sobrinos, disfrazados para la ocasión de viejas glorias de la automoción, se acercaban en su dos caballos descapotable hasta la cercana localidad vecina. Para con la excusa de reclamarle al feriante una vieja factura, no muy abultada de las tantas que debe, pudiesen los niños disfrutar de las atracciones feriales. Ya que, aunque este hombre es un genio a la hora de escabullirse, siempre ha temido los imprevisibles recursos de Evaristo.
A pesar de no querer dar la cara, Facundo tampoco estaba dispuesto a cerrar el negocio, mientras Evaristo deambulase por allí, por esto, nada más ver asomar a mi amigo con sus sobrinos por el recinto ferial, dejaba sola en la taquilla a su anciana madre con la indicación de no cobrarle ningún ticket al hombre de los chicos disfrazados, era mejor no contrariarlo y al final fuese peor el remedio que la enfermedad. Evaristo, muy consciente de ese injustificado temor que a veces levanta, no perdía ocasión para tener a sus sobrinos entretenidos entre volantazos, choques y risas, mientras él disfrutaba presumiendo de chavales guapos con las madres del resto de los niños de la feria.

Pasadas unas semanas, cansado el pobre Facundo de perder el mejor día de la semana y ser consciente que no se le estaba costeando el negocio, al fin decidió, a sabiendas que Evaristo es insobornable, saldar cuentas con él y así quitárselo de encima al menos durante una larga temporada. Pues no era cuestión, recién comenzada la época más propicia del año para su eventual negocio, dejarla pasar, ya que, aunque era muy mal pagador, no era del todo gilipollas, y es que ni en sus peores pesadillas hubiera imaginado el pobre feriante que el pesado cobrador se haría de unos ayudantes tan efectivos para conseguir sus propósitos. Tenía muy claro que reconocer una derrota a tiempo evitaba muchas bajas en una larga guerra de desgaste, que es por lo que mi amigo siempre ha tenido bien ganada su fama.

Por esto, el pasado domingo, mi amigo Evaristo y sus sobrinos, tras llegar bien temprano hasta la localidad vecina con el propósito de aprovechar toda la tarde, mi amigo le había echado el ojo a una joven madre que le miraba muy descarada durante largo rato, (la pobre sufre de estrabismo severo), se llevaron un disgusto monumental al comprobar como Facundo rápidamente, incluso antes de acercarse hasta su atracción, abordó a las primeras de cambio a mi amigo, pagándole sin rechistar la factura pendiente que Evaristo le venía reclamando a la anciana taquillera cuando se acercaba hasta los autos de choque.

De este modo, cabizbajos y derrotados, se tuvieron que volver al pueblo. Viendo mi amigo lo tristes que estaban los niños, decidió ponerle remedio echando por la vieja carretera de montaña, ya cortada al tráfico por sus cerradísimas curvas entre acantilados barrancos, al menos así entretendría un poco a sus sobrinos. Consciente de que ya no eran fácilmente impresionables, se le ocurrió un descenso emocionante aprovechando lo mucho que había evolucionado el pequeño Evaristo al volante, que con tan sólo cinco años parecía el nuevo Fernando Alonso.
Detuvo el dos caballos justo donde comienza el descenso del temible puerto de montaña, colocando a su sobrino al volante y pasándose él al asiento del copiloto, y de esta guisa se dejaron caer por la asesina pendiente.
Definitivamente este chaval, si no se mata antes, tiene madera de campeón, pues a pesar de los increíbles gritos, tanto de sus hermanos como de su tío, el pequeño Evaristo descendió como una exhalación todo el trayecto sin tan siquiera pisar ni una sola vez el pedal del freno, entre otras cosas porque no llegaba, poniendo el dos caballos un par de veces a dos ruedas.

Este último domingo no ha habido autos de choque, pero cree mi amigo, que la vertiginosa bajada de apenas cinco minutos ha sido suficiente aliciente para tener a los niños tranquilos durante al menos un par de meses, pues posiblemente no les ha quedado ni una sola gota de adrenalina en sus pequeños cuerpos.

       
                               acróbata

8 comentarios:

  1. Muy listo Evaristo,aprovechó la ocasión y encima le pagaron,jaja,pero eso de poner a un niño al volante,como que no,es mejor llevárselos al parque que allí también se entretienen y es gratis.

    Un abrazo querido amigo

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  2. Evaristo sabe que los niños de ahora son unos portentos y que se parecerán a él algún día.
    Besos.

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  3. Evaristo y Facundo... ¡Dos angelitos de la astucia!.
    ¿Cuándo podremos ver una foto de ese hombre tan locuaz? o ¿prefiere preservar su intimidad?...

    Un besazo.

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  4. Esos niños apuntan muy alto.
    La historia les reserva un lugar privilegiado.

    Saludos.

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  5. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.

    Abrazos.

    P.d: Evaristo es como los indios americanos, no le gusta que le fotografien, tiene miedo que ese artilugio del diablo le termine robando el alma...jajajaja

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  6. Muy bueno el relato, los niños son el futuro de ahora.

    Un saludo y unas onrisa :)

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  7. Ja,jajajajaj doblemente astuto y locuaz Evaristo!

    Magnífico relato, es fácil encontrarse en esas tardes de feria y en el asiento de atrás del dos caballos...
    Por suerte, algo de adrenalina, aún me queda.

    Besicos, MUY BUENO!!

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