martes, 31 de mayo de 2011

Francamente querida...


Desde que la abuela de Evaristo asistió, en una de sus diarias visitas al asilo, a la charla informal de un santón venido directo de las calles de Bombay, que afirmaba sin género de dudas:
-Si deseas algo con la fuerza de tu corazón toda la energía del Universo se confabula para que lo logres.
Ella sigue empeñada, latido a latido, en cambiar el final de “Lo que el viento se llevó”. E impertérrita, cada día se atrinchera delante del televisor, mando en mano, contemplando una y otra vez  la vieja superproducción, esperanzada en que por fin Red Butler no repita incansablemente al final de la misma:
 -Francamente querida eso no me importa.
Mi amigo Evaristo, en un principio, no creyendo del todo, que su abuela pudiera estar viendo la misma película una y otra vez en la televisión, (él es un ajeno en eso de tragar publicidad, noticias adulteradas, vidas ajenas y “deja vu” cinematográficos) se convirtió durante todo un día en su sombra, comprobando sorprendido la cantidad de canales nuevos que ahora existen y lo poco originales que son, por lo que llegó al convencimiento de que no sólo es posible repetir programación, es que a poco que se descuide uno es inevitable. Y es por esto, que cansado de asistir impasible al deterioro mental de su anciana abuela, viene intentando, de momento sin demasiado éxito, varios planes encaminados a erradicar este nuevo problema familiar.

Así, haciendo gala de su innata imaginación para solventar situaciones indeseables, decidió poner en práctica su mejor plan, la llamada “Operación sombra afilada”. Un plan bastante sencillo, consistente en aguardar paciente al silencio de la noche, trepar con tiento hasta lo alto de la torre metálica de comunicaciones del tejado de su edificio, y una vez allí, sujeto, nada más, por las corvas de sus piernas a un delgado tubo metálico, sobre el oscuro abismo que le separa del lejano asfalto, coger entre sus manos el manojo de cables de la antena, y ¡zas!, un buen corte y asunto resuelto. Algo rápido, quirúrgico y concluyente. Pero, hasta la fecha, solamente ha conseguido dejar sin cobertura de telefonía móvil a prácticamente todo el barrio, mientras que la abuela continúa tranquilamente pegada todo el día al televisor, ahora, mi amigo, tras su evidente fracaso, viendo lo vigilada que está la azotea y lo difícil que es ejecutar el plan alternativo que había pensado, (arrancar por las bravas la televisión del atornillado soporte donde la abuela la tiene asegurada a la pared y tirarla por la ventana directa al contenedor de la esquina, logrando una canasta antológica) ha decidido de momento plegarse a la realidad existente y haciendo de tripas corazón, se sienta un buen rato cada día junto a su abuela, deseando él también que por fin Scarlata O´Hara no tenga que seguir diciendo una y otra vez:
 -Y ahora qué haré yo sin ti
De momento, parece ser que no está dando los resultados esperados esta nueva táctica, pero ni Evaristo ni su abuela desesperan, ya se sabe: “La unión hace la fuerza” o al menos eso dicen.


                                                acróbata

14 comentarios:

  1. :)))).
    La abuela de Evaristo y yo somos viejas camaradas, nos persigue el mismo empeño, ;), y además estamos completamente de acuerdo en las premisas y el método para conseguirlo.
    Un beso. Buenos días, Tomás.

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  2. ¿El cine es inmortal?
    Sería una bonita moraleja.

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  3. :D:D
    Jó con Evaristo que salió a por lana y volvió trasquilado! Lo que no le ocurra a este hombre :)

    Bss.

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  4. ja, ja, ja... hoy me siento un poco el santón de las calles de Bombay, la abuela de Evaristo y el mismísimo Evaristo... al que echaba de menos!!

    Gracias por las sonrisas ;-)

    UN BESIKO Y FELIZ DÍA!!

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  5. Si la abuela es feliz así¿Para qué remover lo que es imposible?

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  6. La unión hace la fuerza, así que un día lo conseguirán jejej

    Genial entrada, me he puesto en la situación de cada uno :)

    Un abrzo :)

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  7. Hola Tomás!!

    Me gusta mucho la peli,fíjate!,hasta el final es magnífico,jaja.

    De todas formas es verdad,que la programación en TV,es un repetir siempre los mismos programas basura y series que no terminan nunca,o te la cortan sin avisar,a parte de los cambios de horarios cuando se les antoja,pero vamos,que da igual,por muchos canales que haya,,difícil es encontrar algo que valga la pena de verse.
    Y encima tienes los de las llamaditas del tarot,los de teletienda,horóscopos...

    Dale un abrazo a Evaristo y a su abuela...venga y otro para tí!

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  8. La verdad es que la repuesta de Red Butler es la más lógica, ante la almibarada y feminoide pregunta de Scarlata O´Hara.
    Seguro que a la abuela de Evaristo, lo que le revienta es la ñoñería de la dueña de Tara. Y hace bien en querer cambiarla.
    Pero seguro que no ha oído hablar de la tiranía de Hollywood.
    Un abrazo.

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  9. Te confieso que no he visto nunca "Lo que el viento se llevó" (al menos de una vez). La llevo viendo en capítulos durante los veinte años que andan reponiéndola, pero me encanta la abuelita con ese deseo de cambiarle el final...
    ¡Gran señora, la abuela de Evaristo!.

    Yo pienso que de "tal palo, tal astillas". Ahora entiendo y conozco un poco mejor a ese Evaristo.

    Un besazo y felicidades por una historia buenísima.

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  10. Yo es que vería esa película también hasta el infinito, pero nunca se me hubiese ocurrido cambiarle el final... es lo que más me gusta.
    Excelente el micro.
    Besos.

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  11. Lo que el viento se llevó, la abuela de Evaristo, traerá...

    Cómo me hace reir este Evaristo y sus ocurrencias!

    Saludos grandotes, Tomás.

    ( No será primo de Justiniano?)

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  12. Si no puedes con el enemigo unete a él, parece que al menos entre los dos deseando lo mismo el final de la película puede que cambie, !bien por Evaristo!
    Un saludo Tomás.

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  13. Muchas gracias por vuestras palabras, seguro que cuando Evaristo las lea se pondrá muy contento.

    Abrazos.

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  14. Si es que ese final no le gustó a nadie, comprendo a su abuela.
    Paciencia...quizás algún día el final cambié y todo, la magia del deseo.
    Besos.

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