viernes, 22 de abril de 2011

Viernes de Saetas.


Esta Semana Santa, mi amigo Evaristo, siendo totalmente consciente que la Cofradía en la que procesiona uno de sus pequeños sobrinos, vestido para la ocasión de legionario romano con su coraza dorada, su pequeño gladio de plástico y su brillante casco coronado  con plumas de ave, no goza precisamente de la simpatía de gran parte de los penitentes cristianos, ha decidido invertir este histórico hecho, pues no está dispuesto a presenciar de brazos cruzados el entristecimiento, hasta límites insospechados, del chaval a consecuencia de que nadie se presta a cantarle saetas a San Judas, cuando el resto de imágenes sacras disfrutan de un sin fin de sentidos homenajes callejeros, escenificados a través de las almas caritativas que se lanzan de improviso a brindarles sus voces desgarradas por el dolor milenario. Por eso, mi amigo, ha ideado un plan infalible para que de una vez por todas esto deje de ser así y el sensible chaval se enorgullezca de acompañar lleno de emoción al trono donde el denostado tesorero de Jesús continua paseando casi dos mil años después su vergonzosa traición a los ojos de la humanidad. De esta manera, no ha dudado ni un instante en acompañar al paso representativo de dicha traición, eso sí, siguiendo en todo momento, a una distancia prudencial, al trono a lo largo del trayecto, para no levantar sospechas entre los confiados fieles orillados en las atestadas aceras del recorrido. Y es por esto, que anda cada poco entremezclándose entre el público que presencia la larga procesión cargada de sentimiento, pasión y claras muestras de fervor religioso, para, aprovechando los duros silencios, ocasionados sin duda ante el paso en el que desfila su sobrino, ir pinchando disimuladamente con una finísima aguja de coser en el trasero de estas confiadas gentes. Escuchándose allá por donde él pasa unos sentidísimos “ays” que rompen de repente el espeso silencio y consiguen poner de golpe la piel de gallina hasta al más laico de los asistentes. Está claro que ante semejantes alaridos llenos de profundo dolor, más de un creyente, espoleado por el dramatismo del momento, no duda ni un instante en echarle valor y arrancarse de inmediato, cantándole saetas también a este apóstol, siempre tan despreciado para los ojos de los cristianos ante su supuesta traición a su Señor por cuarenta míseras monedas de plata. Cuando precisamente él, el amado Judas, era el depositario de toda la fortuna de la comuna. Lo cual invita a pensar varias hipótesis: O bien la avaricia del dinero corrompió hasta los huesos a una de las más nobles almas, o tal vez el denostado apóstol tan sólo fue el chivo expiatorio de un asunto de mucha mayor envergadura. Lo que si parece quedar meridianamente patente, a través de la experiencia de los tiempos, es que las monedas las acuña el demonio para corromper los corazones débiles de los hombres.
Por todo esto parece bastante claro que, Evaristo a pesar de sus imaginativas artimañas, si existe el Edén, se lo tiene más que ganado, pues es capaz de casi cualquier cosa por tal de ver felices a los niños. Y no deberíamos olvidar que ya lo dicen las escrituras, o al menos eso quiero creer:
“Mientras la sonrisa limpia de un niño inocente, continúe sobresaliendo por encima del dolor de la humanidad, siempre habrá un hilo de esperanza al que agarrarse en el futuro”
Por supuesto, no hace falta decir que a lo largo de esta Semana de Pasión se han escuchado entre los componentes infantiles de la hermandad de San Judas más de una de esas frescas sonrisas tan llenas de vida y también se han podido contemplar innumerables nuevos brillos en esas miradas que son la esperanza  del día de mañana.


                   acróbata

9 comentarios:

  1. Evaristo es un estratega que deja pequeño a Napoleón.
    Un prodigio de inteligencia, eficacia y eficiencia.
    Me descubro ante él.
    Eso si que no me pinche eh?

    Le dejo un Ay.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. En alguna ocasión Evaristo me ha sorprendido. Hoy me deja sin dudas. Un genio.
    Ahora lo de las agujas, qué dolor!!!

    Tomás, que pases lindos días. Un saludo enorme.

    ResponderEliminar
  3. Ay,ay ay¡¡¡ que me parto de risa,y eso que vengo muerta de miedo del blog de Toro.
    Que bueno¡me imagino la escena pinchando con la aguja y me parto¡
    Niños felices,gracias a Evaristo¡¡¡ olé¡
    Besos

    ResponderEliminar
  4. Evaristo me tiene encandila....que pena de no conocerlo hace unos años, cuando uno de mis hijos iba vestido de romano acompañando al Nazareno, solo fue un año....jejeje
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Hola Tomás!!

    Listo tu amigo Evaristo,lo que no hará por la felicidad de un niño!!
    Y qué decir del maldito dinero...ya sabemos el final de la historia.
    Gracias Tomás,por este caramelo
    Un beso

    ResponderEliminar
  6. Si hace felices a los niños, es que va por buen camino, es un alma pura.
    Besos a ti y a Evaristo.

    ResponderEliminar
  7. Bien por tu amigo Evaristo, conseguir hacer feliz a su sobrino merecia eso y mucho más,.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Ha sido todo un hábil estratega, dispuesto a maquinar la maniobra pertinente que logre arrancar las sonrisa y la felicidad de unos niños, este señor merece una medalla.

    Siento ausencias te dejo besos a cambio de perdón por el prolongado abandono :-)

    ResponderEliminar
  9. ¡ Que NO HACER por la SONRISA DE UN NIÑO...!

    Magistral y acróbata Evaristo!

    BESOS al paso... ¡ Ay!

    ResponderEliminar