viernes, 1 de abril de 2011

El arresto.

Hoy al salir a la calle y encontrarme con la abuela de Evaristo me he enterado que mi amigo está de arresto domiciliario hasta el próximo lunes por un altercado con una de las dependientas del centro comercial. Me contaba la mujer que se encontraba muy apesadumbrada por lo que les había sucedido ayer mañana cuando como todos los viernes fueron a hacer la compra semanal.

Todo iba como siempre, ella echando los productos necesarios al carro que alegremente conducía Evaristo como si estuviese en pleno rallies Paris-Dakar entre los estrechos pasillos atestados de gente, y éste, entre curva y curva, cogiendo toda clase de golosinas para los niños. Hasta comida para perros y gatos quería comprar, pues no dudaba en asegurar que gracias a los  perros abandonados y a los gatos del vecindario seguían  manteniendo a raya a las ratas del alcantarillado, y que no estaba de más variarles de vez en cuando un poco el menú para tenerlos sanos y contentos. Muy orgullosa me hablaba de las múltiples excusas que ponía su nieto Evaristo por tal de tener cuidados a sus amigos los animales, como cuando era niño y un buen día le llenó la casa de nidos de gorriones, tapando los huevos con la mantita eléctrica de su difunto abuelo, porque escuchó en las noticias que a pesar de estar a comienzos de la primavera, se acercaba una intensa ola de frío polar y temía que muriesen todos congelados.

Como esta mujer, si no la paras, suele irse por los “Cerros de Úbeda” y a mí ya me tenía en ascuas, le pregunté directamente qué es lo que había pasado con Evaristo para que estuviese detenido, contestándome ella que no estaba detenido, que estaba en casa e iban a visitarlo mañana y tarde los policías municipales, esta afirmación tan suya me dejó sin armas para intentar acortar la charla y enterarme de una vez por todas lo que había pasado con mi amigo. Por suerte ella también tenía algo de prisa pues le llevaba ejemplares antiguos del periódico El Caso a su novio al geriátrico y ya casi llegaba tarde, con lo que se dejó los rodeos y fue directa al grano:

-Nada anómalo sucedió hasta que después de pagar en caja, la muchacha nos informó que habíamos sido premiados por ser los clientes un millón desde que abrieron el centro comercial, correspondiéndonos un lote sorpresa que podríamos recoger inmediatamente pasando por el mostrador principal. Muy contentos fuimos obsequiados con un carro lleno de productos de primera necesidad con la marca de esa cadena comercial y hasta nos hicimos unas fotos con algunas de las empleadas y el director comercial. Evaristo visiblemente emocionado prometió traerles muy pronto un regalo por lo simpáticos y agradables que habían sido. Y como él siempre ha sido muy cumplidor, esa misma tarde les llevó una gran bolsa de maya llena de grandes peces de colores recién capturados en la alberca del parque, echándoselos encima del mostrador a la encargada de atención al público. De frescos que estaban aún coleteaban vigorosamente mojándolo todo a su alrededor. La muchacha, que por lo visto era fácilmente impresionable, se puso histérica chillando como una posesa a voz en grito que se llevaran eso ahora mismo de su vista, levantando un gran revuelo a su alrededor. Evaristo visiblemente ofendido y contrariado, viendo que no había manera de calmarla, comenzó a golpear los peces con su arpón para rematarlos, siendo inmediatamente detenido por los guardias de seguridad que llegaron corriendo alarmados por el escándalo que en un momento se había montado. Sin siquiera dejarle explicarse fue conducido en volandas a una sala aparte a la espera de que llegara la policía y se lo llevara arrestado.
Menos mal, que gracias a la amistad que tenemos con el comisario, todo ha quedado en un simple arresto domiciliario de fin de semana y la promesa de que no aparezca mi nieto por el centro comercial en una larga temporada, al menos hasta que todo se tranquilice y termine por olvidarse el desagradable incidente.

Para terminar me decía la abuela, conteniéndose para no llorar, que esta misma mañana después de todo el trajín de papeleos que tuvieron anoche para que no pasase la noche en calabozos, Evaristo había despertado muy triste, asegurando que no volvería a poner los pies en ese supermercado en su vida, pues eran unos desagradecidos y unos impresentables queriendo únicamente verlo entre rejas.


                                                                                                     acróbata

9 comentarios:

  1. ja jaa¡¡¡ buenísimo,ya lo echaba de menos.La abuela con el periodico El Caso,para el novio,que bueno...me imagino a Evaristo con los peces y me troncho.
    Gracias por hacer reir.Besos

    ResponderEliminar
  2. Qué buenas historias tienes!!!!
    Buenísimo.... buenísimo.

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Jajajaja
    Pobre Evaristo,caramba!
    Y pobres pececillos también,¿no?
    Hasta me atrevo a decir que pobre dependienta!
    Jajajaja
    Vaya historia más ocurrente y simpática.
    Me ha gustado.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  4. Menos mal que tenemos a Evaristo para alegrarnos los días con sus aventuras!!

    Desagradecidos los del centro comercial a más no poder...

    ResponderEliminar
  5. Jjajajajaja!!! Evaristo no cambia más...
    Un placer y una alegría leer estos relatos, Tomás.

    Saludos grandotes y bonito fin de semana.

    ResponderEliminar
  6. Pobre Evaristo, lo que no le pase a él no le pasa a nadie jajajaja.....me encantan las historias de Evaristo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Evaristo siempre dispuesto a dibujar una risita...

    Gracias, eres un auténtico acróbata!!

    ResponderEliminar