domingo, 24 de abril de 2011

Café solo.



El otro día, sentado en una de las mesas de la cafetería del paseo marítimo de mi pueblo, compartiendo café, tertulia y sol con un buen amigo mío, me comentaba éste después de llevar ya un buen rato hablando de temas económicos:

-Mi padre, que siempre ha entendido la paternidad como una buena inversión financiera de futuro, donde vas trayendo hijos a este mundo para ir criándolos en sus años más tiernos, sin necesidad de prestarles más atenciones de las debidas, es decir, los cuidados básicos para que crezcan sanos, fuertes y temerosos de su progenitor, hasta que por fin se empinan un poco y llega el momento de ir cobrándote a lo largo de toda la vida el encomiable esfuerzo de haberlos hecho grandes, últimamente  ni se digna mirarme a la cara, ya que está bastante claro que he terminado por convertirme, tras una larga serie de dolorosos desengaños, en un simple bono basura a sus ojos. Y es que, por peajes del destino que ya conoces de sobra, me he negado en redondo a continuar siendo una prolongación más de su inmensa voracidad económica, donde nada más que existo para continuar proporcionándole ingentes beneficios monetarios, mientras él, cargado de soberbia, se desinteresa descaradamente de cualquier problema que la vida me pueda traer, dándole exactamente igual la naturaleza que éstos tengan.
Así que, si algo que no llego a vislumbrar no lo remedia, creo que nuestra larga e interesada relación ha terminado hecha añicos. Claro que en realidad, aunque tal vez parezca duro e insensible por mi parte, esto no es algo que ya me atormente. Quizás antes si, cuando era más joven y no quería ver la realidad porque estaba tan lleno de ideales acerca de las relaciones familiares, que me negaba a admitir lo que a todas luces era obvio.

He de reconocer que ante semejante confesión, totalmente inesperada, me quedé, al igual que el sol que ahora se escondía tras una gran nube gris, un poco ensombrecido. No por lo comunicado, algo evidente para muchos de los que conocemos a esa familia desde hace años, sino por la templanza y serenidad con la que mi amigo me narraba algo tan íntimo. Se notaba que necesitaba desahogarse y continuó expresando sus sentimientos:

-La verdad, es que sé perfectamente que por desgracia hay personas así, que nada más entienden las relaciones personales como meros contratos comerciales, donde mientras tú aportes lo mejor de ti sin siquiera rechistar, recibiendo a cambio nada, continúan queriendo mantener en el tiempo esa relación. Pero como comprenderás amigo mío, en esta vida todo tiene un límite, hasta la paciencia de un hijo prudente hacía su padre egoísta.

A lo que yo le contesté, intentando quitar un poco de hierro al asunto:
-Hombre, no digas eso, todas las familias tienen sus roces y antes o después, en aras del cariño mutuo, terminan encontrando espacios comunes donde pueden dejar de lado dolorosos encontronazos anteriores.

-Ya, eso es cierto, pero como bien has dicho son familia, y esa palabra, al menos para mi forma de pensar y actuar, implica mantener una relación de igualdad, respeto y si no mucho cariño, si al menos una pizca de simpatía y sensibilidad.- contestó mi amigo a la vez que el iris color miel de sus pupilas reflejaba el oscuro horizonte marino que en esos momentos encuadraba esta inesperada charla de media tarde.

En ese mismo momento, a instancias de una leve señal de mi amigo, se acercó hasta nuestra mesa el joven camarero, rompiendo el incómodo silencio que se había interpuesto entre los dos después de las sorprendentes confesiones compartidas. Mi amigo le pidió la cuenta y aunque yo rápidamente me adelanté dinero en mano, él me insistió que le dejara pagar, añadiendo con una media sonrisa en los labios:
-Creo que nunca una consulta con un psicoanalista pudo ser más económica que ésta que acabo de mantener contigo, así que no te ofendas, pero déjame a mí invitarte hoy, ya que, aunque quizás no lo creas, no tenía pensado contarte todo esto y ni imaginas el bien que me ha hecho el poder compartirlo con alguien que ha escuchado- dijo mientras de nuevo el sol, tras pasar de largo la nube, lucia brillante justo en mitad del alto cielo azul.
-Bueno, ya sabes que no sirvo ni para analizarme a mi mismo y siendo sincero nunca me plantearía trabajar con un diván de por medio, pero lo mínimo que podía hacer era prestarte toda mi atención y apoyo, por algo somos amigos, aunque he de confesarte que me siento doblemente mal: Una por no saber como ayudarte y otra porque de haber sospechado que me ibas a invitar habría pedido por lo menos unas pastas para endulzar un poco este amargo café – le dije, tratando de retomar nuestros habituales diálogos ligeros.

-Bueno, ya sabes que el próximo café lo pagas tú, así que avisa si es necesario pedir pastas o algo más fuerte para acompañar la charla.

- No creo, ya sabes que mi vida es muy sencilla y aburrida- contesté sonriendo abiertamente a la vez que otra nube se volvía interponer entre el sol y nosotros.

Estaba claro que iba siendo hora de marcharse para casa, pues la tarde comenzaba a torcerse definitivamente y no tardarían en caer las primeras gotas de lo que terminaría siendo una larga noche de tormenta.

                                       acróbata

19 comentarios:

  1. Tu amigo no se recuperará nunca, los padres dejan una enorme huella en la personalidad.
    Afortunadamente, tiene un buen amigo en quien apoyarse.
    Besos Acróbata.

    ResponderEliminar
  2. Y pensar que esas historias se repiten y repiten. Ese padre no ha criado hijos, ha criado jubilaciones!!!

    Saludos, Tomás. Que pases lindo domingo.

    ResponderEliminar
  3. A mi,,,el café manchado con una pizquita de leche ,, un cigarrito ,, y el horizonte como,, compañia ,, que ni pide ,, ni da ,, es como un estoy como tu lo estas .

    un saludo

    ResponderEliminar
  4. Qué pena que no pueda hablarlo asi , con su propio hijo .
    Pero ha encontrado un trozo de su hijo en tí .
    Espero que haya sido de gran ayuda!
    Un beso
    Felices Pascuas de Resurrección !

    ResponderEliminar
  5. Tomás,creí en un principio que era el padre que se quejaba de su hijo,pero lo he vuelto a leer y es al contrario,aunque resulte extraño,es el hijo que se queja de su mala relación con su padre,que sólo sabe sacarle el dinero,cuando lo habitual entre los jóvenes,es que sean éstos los que les falte al respeto y siempre estén pidiendo para sus cosas.
    Le has dado muy bien la vuelta a la tortilla.
    Suele haber una falta de "sentimiento familiar" muy extendida,falta comprensión entre generaciones y sobre todo cariño y amor mutuo.

    ¿Con que psicoanalista,eh? con un café,yo me apunto,jaja!!

    Un abrazo,amigo mío

    ResponderEliminar
  6. Ay, la difícil tarea de la paternidad! Con sus claros y oscuros igual que la tarde primaveral que acompaña a tu relato: ya sale el sol, ya se pone la nube...

    Cierto que a unas edades, los hijos son de una insolencia escandalosa, sabedores de su derechos e ignorantes de sus deberes.

    Bss.

    ResponderEliminar
  7. Yo quiero otro sólo... mi opinión la guardo por si me da hambre. La tomaré también sin azúcar...

    PD: cuando acabe con este, volveré por otro, me encantó. UN ABRAZO ;-)

    ResponderEliminar
  8. Muchas gracias a todos

    Una pregunta: ¿El egoista nace o se hace?, bueno ya puestos otra pregunta: ¿El hijo egoista suele ser padre generoso?.....esperar queridos lectores, que con ésta también me atrevo yo....
    El que es egoista y soberbio lo es tanto con sus padres como con sus hijos, pues el centro de su pequeño universo es su mismo ombligo. Al igual que hay hijos que se las traen, no perdamos de vista a algunos padres...

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  9. Vaya,muy entretenido tu relato.El que nace egoista,muere egoista( a mi parecer)Besos

    ResponderEliminar
  10. el egoismo suele ser innato en el ser humano, aunque algunos van cargados en exceso. al final todos miramos un poco a nuestro ombligo, lo adecuado es encontrar el equilibrio, como con todo.
    Como dice un "conocido" en todas las casas cuecen habas, pero en algunas....se queman.
    bicos

    ResponderEliminar
  11. Como hija he tenido muchas diferencias con mis padres,he sido bastante rebelde,eso si,con causa.
    Como madre de una jovencita de 26 años soy una madre atípica si,pero responsable, que para algo la he traído a este mundo.Por suerte yo todavía soy joven pues la tuve a los 19 años,mi hija terminó sus estudios de coreografía y ballet clasíco cuando la mayoría de personas cercanas nos aconsejaban que eso fuera un hobby,hoy ella trabaja en el ballet nacional de la R.Dominicana. Siento haberme extendido así, me debiste tocar la fibrilla.Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Eso no es un padre.
    Es un amo.
    Hace bien en romper las cadenas.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  13. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  14. Perdón, error
    Te decía que es una suerte ser escuchado sin juicios ni consejos y que tu amigo es un valiente y sabe que ha llegado el momento de deshacer nudos.
    Ah! y que os abrazo a los dos

    ResponderEliminar
  15. Los mejores momentos son estos, ya sea para cafés amargos o para los más dulces... esos momentos que no esperas, esas palabras que crees que nunca vas a compartir y que de repente, y porque sí, estás con la persona adecuada y no necesitas nada más, ni consejos, ni soluciones, simplemente soltarlo......
    Bicos para dos . . .

    ResponderEliminar
  16. Es lo que los psicólogos llaman apego, ese sentimiento de "me haga lo que me haga, es mi padre/madre".

    Pero, al menos, tiene la suerte de contar con alguien que lo escucha y trata de comprenderlo. Eso es impagable.

    Abrazos

    ResponderEliminar
  17. Suerte de tener un amigo que le escuche,no parece que necesitara más que sacarlo de dentro,las cosas las tiene claras como para necesitar ayuda profesional.
    Pena de relación parental que no dá ni para inspirar cariño, si además no tiene más familia o no puede contar con ella, muy, pero que muy triste.
    Ojalá que después de la tormenta venga la calma...
    Salud.

    ResponderEliminar