domingo, 19 de septiembre de 2010

Cuarenta grados.

Cuarenta sofocantes grados de temperatura a la sombra y hasta la sombra desea ser sombra de su sombra, las pobres farolas solitarias de las desiertas calles agachan la cerviz para no tener que mirar al astro rey. Evapora el asfalto tímidos espejismos ahora que nadie osa salir a observarle, y miente, como no puede ser de otra manera, mostrando infinitos lagos helados en mitad de la llanura cuando de sobra sabe que bajo los ardientes rayos estivales es infierno lo que le sustenta. Mientras las fuentes lloran lágrimas de soledad rápidamente enjugadas por los rastreros pañuelos de cemento que agrietan su gris desnudez por el abandono de los húmedos labios de la lluvia. Nada se mueve en la tarde, solo una pequeña nube en el horizonte se asoma al despejado cielo.


Sudan los minutos las mojadas camisetas que visten las largas horas de siesta y tan solo la monótona melodía repetitiva de las aspas del ventilador pidiendo aire para respirar acompañan el espeso silencio que entra a hurtadillas por mi entre abierta ventana al mundo. Puedo sentir el sendero abierto en mi espalda por una intrépida gota resbalando sigilosamente por mi desnuda piel, viene en descenso libre desde la alta cordillera de mi cuello y yo tan solo tengo voluntad para prestarle oídos al silente eco de mi mente que no para de recordarme la repetitiva lista de tareas que mañana tendré que realizar. Me tumbo de nuevo sobre mi cama, pues hay pensamientos que es mejor dilucidarlos estando en posición horizontal, la verticalidad de ciertos abismos me causa claustrofobia y no es cuestión de ponerse histérico en estas bochornosas tardes de letras y sofocos. Sobre mi desorden ordenado del escritorio reposan innumerables hojas sueltas vestidas con el escurridizo trazo apresurado de pequeños momentos de inspiración donde vierto lo que me inquieta, siento o anhelo, sigue todo sujeto con los pisapapeles que a mano hallo, un cenicero impoluto que tal vez ya olvidó lo que un día ya lejano fue, una pequeña piedra plana pulida que en su azabache piel veteada guarda mil senderos imaginarios que a veces mi aburrimiento recorre sin nunca encontrar destino, y algún que otro cachivache dejado oportunamente por las niñas. Todo tiene su función, mis pensamientos buscan letras para expresarse, las letras personalizan impersonales páginas vacías, las páginas abrigan la soledad de una mesa que sin ellas se sentiría desnuda, y esta a su vez utiliza los distintos pesos muertos para lucir apropiadamente sus trajes de papel. Entre desvelo y desvelo acabo por verme recorriendo un interminable desierto de sabanas y almohadas, donde en vez de rocas y largas dunas de arena voy vadeando folios sueltos llenos de irreconocibles letras que me piden explicaciones por haberlas desechado de mis poemas. Siento como se enredan mil sueños a mis miembros amarrándome al colchón, los desvelos se apiadan de mi pobre corazón y tan solo se pegan a la humedad de mi lucha, y así cada uno de tantas variadas sensaciones van atrapándome como un Gulliver prendido en su sueño por los pequeños seres del minúsculo mundo que en ese momento visita. Despierto de golpe sobresaltado por el inconfundible sonido de una breve tormenta veraniega y al abrir mis ojos me encuentro rodeado por las arrugados trazos de mis múltiples páginas sueltas, que temerosas por el estruendo del entrechocar de la nubes y con la inestimable ayuda del pequeño vendaval desatado en esta ya declinada tarde de bochorno y electricidad, aprovechan para deshacerse de su precario equilibrio entre pesos muertos y acaban refugiadas en mi lecho. Menos mal que todo ha sido un sueño y aún hoy no soy esclavo de mis propias letras y éstas todavía en la vigilia no me piden explicaciones.



acróbata

6 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Hola Tomás... un placer leerte como es habitual.

    Es bueno escribir de todo, hasta cuando se limpian los platos, la mente inquieta esa parte de nosotros que no ceja en su empeño de recordarnos todo... esa se encarga de activar nuestra inquietud y dejar constancia, para demostrarnos que hasta en sueños se pueden expresar bellas palabras, inclusive para quejarnos...

    Un fuerte abrazo, amigo.

    PD: he abierto mi blog, y he activado el cuadrito de seguidores me gustaría mucho tenerte ahí, yo ahora mismo me uno al tuyo.
    Gracias, amigo.

    Aloe.

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  3. Hola Tomás, eso del "Ego" me llega al alma... ,gracias por acompañarme. Dispongo de poco tiempo, pero te sigo amigo.

    Un abrazo.

    begoña. (aloe)

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  4. Pañuelos de cemento...

    Bellas palabras que acompañan nuestros sueños, aunque exista la súplica, la queja, y la soledad amarga que embota los sentidos...

    Bellísimo mi querido amigo.

    Un abrazo enorme

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  5. Me quito el sombrero ante el maestro.

    "las páginas abrigan la soledad de una mesa que sin ellas se sentiría desnuda"

    Yo intentare abrigar la mía.

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  6. Bueno, y que decir ante tantas muestras de cariño.....Muchísimas gracias por acompañarme en este hermoso camino de versos, sentimientos y amistad que cada día intento trazar con el apoyo de todos aquellos que me seguís.

    Abrazo en la distancia.

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