martes, 1 de junio de 2010

Apocalipsis



A lo lejos se divisa una delgada
columna de humo vertical,
en todos los alrededores el silencio
es espeso y doloroso,
solo las hojas de las acacias
mecidas por una pegajosa brisa
rompen un poco el inquietante hechizo
de esta tensa calma de muerte.
El tumultuoso torrente
baja ensangrentado al valle,
arrastrando los restos del dolor
generado por el odio entre hermanos.
Nada queda en pie, tan solo sombras
toda la barbarie desatada en la tierra,
nada con vida para contarlo,
todo vencido y destruido.
Mientras, unos desalmados
con galones de muerte
sobre el pecho inmisericorde
brindan con la sangre espumosa
de los caídos en la batalla del sin sentido.
Ellos siguen resguardados en lejanos despachos
de cómodos sillones y mesas de maderas nobles.
Todas las guerras han sido una barbarie
y una clara muestra de nuestros fracasos,
desde que se luchaba a bastonazos
pasando por la lucha a caballo
hasta los primeros fusiles de asalto,
pero para las de ahora en adelante
ya no hay calificativos válidos,
tan solo uno podría ser aproximado,
Apocalipsis.



acróbata

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