viernes, 21 de mayo de 2010

Malditas sean las armas


Un único fogonazo
en medio de la oscuridad
y todo se acabó.
Balas bajo la ensangrentada
luna negra de la ciudad.
El grito desgarrador de una madre
rompe el silencio espeso
de una tragedia familiar,
mientras, su marido yace
con la mirada perdida
en el vacío de la eternidad,
desangrándose entre las sabanas
manchadas de angustia y dolor.
El arma que iba a traer seguridad
ya no reposa al fondo del armario,
humea su cañón asesino
entre las inocentes manos
de un niño con los ojos
arrasados en amargas lágrimas
que jugaba a ser hombre.
En un único instante
su vida y la de su familia
queda destrozada en mil pedazos.
38 m/m es suficiente medida
para matar todos los sueños.
Malditas sean las armas
y malditos sus defensores.




acróbata

1 comentario:

  1. Desgarradora historia.
    Dijo en una ocasión Flaubert:
    "No le demos al mundo armas contra nosotros, porque las utilizará".
    Desde aquí me uno a tí en ese deseo que debería ser un grito: NO A LAS ARMAS.
    Un abrazo

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