lunes, 31 de mayo de 2010

De un soplido


Muchas son las velas que ciegan mi mirada,
de un solo soplido las apago todas,
por cada luz extinguida de mi vida
tengo un recuerdo que aflora a mi memoria,
han sido muchos los momentos de alegría
y bastantes las fatigas vividas
con la soledad casi siempre como única compañía.
En este caleidoscopio de distintas tonalidades
hay blancos que rellenaron espacios vacíos
y negros que lastraron muchos sueños,
ideales de un ciego con los ojos bien abiertos.
Pero sin duda lo que más ha predominado
a lo largo de todos estos años
ha sido el gris de la incertidumbre.

Aquí sentado rodeado de penumbras
pero inmerso en medio de la luz crepuscular
hago balance de tantos desvaríos
y a pesar de sentir el peso del fracaso
una sonrisa sincera nace de mis labios.
¿Para qué sirve planificar nuestro destino?
si a cada nueva vuelta del camino
no sabemos siquiera si continúa la vereda.
Al fin creo haber entendido el mensaje,
no puedo doblegar la providencia,
tan solo debo aprovechar la subida de la marea
y plegar mis alas con el vendaval.
De ahora en adelante soñaré viviendo
y no volveré a vivir de los sueños.



acróbata

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