miércoles, 28 de abril de 2010

Viaje a Madrid


Capítulo V.

Una vez que me hube tranquilizado, miré al sitio que antes ocupaba mi amigo y me dí cuenta que aún su abrigo yacía allí, no dije nada, bastante había tenido ya, lo alcé y entonces descubrí el viejo libro que sirviera de entretenimiento al señor mayor. Lo cogí, lo sopese, su tacto era cálido y pesaba lo suyo, a pesar de su aparente fragilidad lo notaba fuerte y compacto, valoré su encuadernación, parecía muy bien trabajado e incluso me atrevería a decir que era un ejemplar costoso, yo no era un experto en apreciar la valoración de una obra de encuadernación, pero bueno eso me resultó en aquel momento. Con mesura levante su tapa y ahí me llevé la primera de la serie de grandes sorpresas que ese volumen me iba a deparar. En su primera hoja estaba dibujada la misma imagen del acróbata que adornaba la empuñadura del bastón y cual fue mi mayúscula impresión cuando reconocí al instante las iniciales grabadas en su base, las mismas que antes no había acertado a reconocer, quizás por falta de perspectiva o de paciencia, o tal vez porque así estaba escrito que debía ser. Las tres letras coincidían con las iniciales de mi nombre y apellidos, y aún más, la firma impresa que estampaba el pie de página era mi firma, esto casi me produce un desmayo, ya nada más que me faltaba eso en ese viaje. Un poco repuesto de la primera impresión comencé a leer el libro por su primer capítulo, nada más llevar leídas unas pocas frases no hacía falta que continuara con esa tarea, sabía perfectamente todo lo que ponía, pues era mi vida, era el diario nunca escrito por mí que ahora reposaba tranquilamente entre mis temblorosas manos. Con el ansia de un naufrago rescatado de su presidio de agua y sal, volqué el libro y lo abrí por el final, estaba en blanco, no había nada escrito, menos mal, un suspiro de alivió se escapó por mis labios y fui pasando las hojas hasta que llegué a un poquito de menos de medio diario, impresas en una hermosa caligrafía había una dedicatoria que decía:

- Querido Tomás no le des más vuelta a lo que aquí a pasado, tan solo he tratado de ayudarte un poco a enterrar ese demonio tuyo que tanto tiempo te ha estado atormentado y espero haberte enseñado a mirar más allá de tus problemas y nostalgias para que nunca te sientas derrotado antes de continuar tu viaje. Yo, que soy tú, conozco el resto del contenido de este hermoso diario que te espera por rellenar, espero que no me falles y lo rellenes con todo el amor y esperanza que yo sé que llevas dentro. Al final del camino volveremos a encontrarnos y ya nunca más nos separaremos. Hasta ese momento sonríe, llora, sueña, ama, acierta, equivócate……en definitiva vive Tomás, vive….

Un abrazo desde tu futuro querido amigo.

Desde aquel sentido y clarividente viaje he aprendido a no predeterminar nada y a intentar mirar más allá de lo evidente, para por lo menos intentar encontrar la parte positiva en lo negativo, para aprender a disfrutar del ahora y el aquí.

acróbata

3 comentarios:

  1. Maravilloso relato, enmarcado entre la ficción y la realidad, que solo en el último capítulo el lector logra ver, aunque definitivamente, no andaba yo, muy desacertada que digamos.

    Un fuerte abrazo, amigo

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  2. Un relato encantador. Cierto o no, la verdad, poco importa, lo importante es que conocieras el contenido y te dieras cuenta de la importancia de vivir.

    Una vez Me encontré con una niña pequeña en mi interior, hablamos y también sanaron sus heridas.

    Te comprendo.

    Besos

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  3. Muchas gracias Alexssa por tu lectura y comentario. Veo que estás moviéndote por la prehistoria de mis letras, me gusta y te lo agradezco, no es nada común que las visitas pasen del recibidor y eso que yo tengo todas las puertas de mi casa de letras abiertas de par en par.

    Saludos.

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