lunes, 26 de abril de 2010

Viaje a Madrid


Capítulo IV.

Una vez estuvimos acomodados y el revisor comprobó que no faltaba nadie y todo estaba en orden, nos pusimos en marcha para realizar la última etapa de nuestro viaje, normalmente ya no se efectuaba ninguna parada más, pero a veces el chofer se detenía muy cerquita de la capital por motivos de horarios de conducción y entonces se intercambiaba con el revisor, que al fin y al cabo era otro conductor de la empresa. Esto antes cuando el reglamento no era tan estricto no se llevaba a cabo y un solo chofer iba en cada transporte, por lo tanto no sabíamos a ciencia cierta si pararíamos más o no hasta llegar a Madrid, en cualquier caso si nos detuviésemos sería una brevísima parada, la cual tampoco venía mal, pues ya se sabe que siempre hay quien tiene sus urgencias por ir al baño.

Ahora el sol estaba ya bastante alto en el horizonte y entraban unos brillantes rayos solares por nuestra ventana que iluminaban el curtido rostro de mi amigo, él cerró los ojos aspiró profundamente y me dijo:

- ¿Sientes la energía que emana del astro rey? se te cuela por todos los rincones y te calienta el alma, ¿puedes sentirlo o corro la cortina si te molesta aún el paisaje?

- No, no la corra, si la siento, es extraño siempre he sido un amante de la naturaleza y de disfrutar de las distintas tonalidades de la luz natural y sin embargo nunca lo había hecho en este viaje, ya ve rarezas mías.

- Sí, más que rarezas yo creo que te sumergías demasiado en tu mundo interior cerrando todas tus ventanas y no dejabas ni siquiera un pequeño resquicio para que la claridad del exterior penetrara en tu corazón calentando esas angustias que te invadían en este trayecto.

- La verdad es que yo nunca lo hubiese expresado mejor, es usted todo un filósofo amigo, ha conseguido levantar las tinieblas que acompañaban siempre mi viaje a la capital y esto siempre se lo agradeceré.

- De nada joven , pero no he hecho nada, tan solo te he mostrado lo que tú sabias desde siempre y que te negabas a comprender, sé que siempre te acordarás de mí, al igual que yo siempre lo haré de ti, es más ya lo estoy haciendo, jajaja.

Así con esta nueva claridad en la mirada y con el bello paisaje, no por el horizonte gris de contaminación y múltiples antenas y cables de tendidos eléctricos, sino por el nuevo aliciente que había nacido en mi mente, continuamos viaje, acercándonos por la basta planicie a pasos agigantados al final de nuestro trayecto. Estábamos a unos pocos kilómetros de los suburbios madrileños cuando el autobús tomó el desvío hacía una pequeña gasolinera de carretera para efectuar la pertinente breve parada para el cambio de conductor. Nos detuvimos, se abrieron las puertas y mi amigo se incorporó lentamente de su asiento y educadamente me indicó:

- Me permites muchacho salir, tengo que bajar.

me levanté con rapidez y le contesté:

-Por supuesto, dese prisa que esta parada suele ser muy breve.

-Tranquilo, ya lo sé, recuerda que yo este trayecto lo he hecho más veces que tú.

Se dejó en su asiento su abrigo y empuñando su bastón me dedicó una larga y profunda mirada para al final dedicarme un sentido guiñó, que la verdad en ese momento no supe por qué me llegó muy dentro. Bajó del autobús y yo me senté un poco anonadado en mi sitio, tenía una extraña sensación de nostalgia y vacío que en aquel entonces no comprendí el por qué. Al poco arrancó el motor del vehículo y el nuevo chofer cerró las puertas, de un salto me levanté y con voz en grito le exhorte a detener la marcha pues aún no se había subido el caballero de negro, los viajeros que estaban más cercanos a mí me miraban con cara estupefacta y me decían que tranquilo que estábamos todos. Esto todavía calentó más mis ánimos y obligué al conductor a parar el coche. El revisor me dijo:

- Tranquilo señor, volveremos a contar a todos los pasajeros y usted verá como estamos todos, ¿está seguro que alguien estaba sentado a su lado?, los demás acompañantes a su alrededor dicen no haber visto a nadie sentado a su lado, ¿necesita un tranquilizante?

-Si hombre, ahora va resultar que estoy loco o tomo estupefacientes, usted cuente lo que quiera, que yo me bajo y busco a mi compañero.

- De acuerdo, mientras mi colega cuenta el personal, yo bajo con usted y buscamos a su supuesto amigo, como verá no hay mucho donde buscar, solamente puede estar en los aseos o en el interior de la gasolinera.

Nos bajamos los dos, registramos todo el local y los alrededores y no vimos a nadie, ningún empleado del establecimiento había visto a nadie de similares características.
Entonces el revisor me dijo:

- Amigo tenemos que partir, si usted quiere quédese, pero yo le aconsejo que olvide este hecho, todos tenemos días difíciles y es una pena que siendo tan joven usted se refugie en fantasías, por lo demás prométame que si sube al autobús permanecerá en silencio y con corrección o me veré obligado a denunciarle a nuestra llegada.

Un mucho ensimismado y perplejo le contesté:

- De acuerdo pero prométame que llamará a la policía para denunciar la desaparición.

- No puedo hacer eso, pues no ha habido ninguna desaparición aquí, pero puedo mostrarle todos los cómputos de pasajeros que como usted sabe hemos llevado a cabo desde que salimos de Águilas y comprobará usted mismo el hecho de que todo es producto de su imaginación, sino se queda conforme yo mismo le acompañaré a la comisaría para que usted ponga la denuncia, la cual de antemano le aseguro que ni yo ni nadie se la vamos a certificar.

Como no me quedaba más remedio accedí y humildemente regrese al coche de línea, hundido me senté en mi asiento, la gente evitaba mi mirada y cuchicheaban a mis espaldas. La verdad me daba igual, yo sabía perfectamente lo que había vivido desde la salida. El autobús emprendió su marcha para en poco rato llegar a su lugar de destino.

continuará

1 comentario:

  1. Espejismos, fantasías, fenómenos paranormales, o el yo interno en desarrollo.......esperemos el próximo capítulo.

    Mis afectos amigo

    Mayra

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