jueves, 22 de abril de 2010

Viaje a Madrid


Capítulo II.

Una vez estábamos todos acomodados en nuestros respectivos sitios el conductor puso en marcha el motor e inicio la maniobra para salir de la estación e iniciar el viaje propiamente dicho, mientras el revisor aprovechó para contar el número de pasajeros y que le cuadrasen los números con respecto a los tickets, era más una rutina que otra cosa. Al pasar de regreso para su sitio mi compañero de viaje me indicó:

-Sabes amigo ha venido bien que me dejases el lado de la ventana, así cada uno va sentado en su correspondiente asiento de acuerdo con la numeración.

- ¿Cómo?-, pregunte yo rápidamente, - no vamos exactamente bien colocados con respecto a la numeración, vamos no sé los demás pero usted y yo creo que vamos cambiados, pues yo tengo el número veintisiete y usted va sentado en ese asiento, es lo mismo, solo es una apreciación.

Mi acompañante soltó una sonora carcajada y a continuación me mostró su billete, todavía con la franca sonrisa en su boca me dijo:

-Este número que lleva impreso mi ticket cual es amiguito.

La verdad, me quedé un poco descolocado pues él también llevaba el mismo número que yo y le pedí perdón inmediatamente:

-Lo siento señor, he sido demasiado impulsivo y no se me había ocurrido que pudiera ser un error de impresión de la maquina expendedora, espero que pueda disculparme.

- Tranquilo hombre, no pasa nada, a tu edad yo era igual de impulsivo que tú, no hay nada como peinar abundantes canas para ser más reflexivo y no dar por hecho los acontecimientos, además creo que los dos vamos cómodos como vamos, ¿verdad?

- Gracias, un sabio consejo el suyo, lleva toda la razón, y apropósito es cierto, me siento comodísimo con su compañía y parece como si nos conociésemos de toda la vida, que paradojas tiene el destino, ¿no cree?

-Si, a mí me pasa lo mismo y no pienses mal pero siento un especial cariño por ti muchacho, no me preguntes por qué, porque es muy largo de contar, solo te diré que son cosas de viejos, ya llegarás y lo entenderás.

El autobús ya salía de la localidad y empezaba a acelerar incorporándose a la carretera provincial con destino a Murcia, que era su primera parada, el caballero acomodó su bastón entre los dos y a continuación me preguntó:

- Oye muchacho, ¿no te molesta que corra la cortinilla verdad?

Me quedé un poco ensimismado mirando la preciosa obra de arte de la empuñadura del cayado, era un acróbata en plena acrobacia, todo él en fina plata y con unas raras iniciales grabadas en su base, justo donde el mango se insertaba en la caña, no acababa de identificar las letras, pero bueno eso no me importaba en ese momento. Saliendo de mi ensoñación le conteste:

- No señor, oiga es toda una obra de arte su bastón, ¿lo necesita o solo lo usa como complemento de estética? Oh, perdone la indiscreción, otra vez he pecado de curioso e impetuoso.

- Que va, no te disculpes, te contesto con agrado, este bastón es mi fiel compañero para mantener a raya a mi caprichosa pierna, que le gusta llamar mi atención y no se conforma con pasar desapercibida, y ya puestos a elegir apoyo me lo mandé hacer a mi gusto a un orfebre amigo mío que me debe algún que otro favor.

-Pues la verdad es que es precioso, es todo una obra de arte, bueno, no me pongo más pesado, voy a ver si termino unos documentos que tengo pendientes.

- Tranquilo no me molesta tu curiosidad, si, yo también voy a leer un poquito este tocho de libro que me he traído para la ocasión.

Mientras que el viaje transcurría por tierras murcianas sin ninguna novedad apreciable, cada uno de nosotros mataba su tiempo entre sus papeles, esto me trae una sonrisa a mis labios, toda mi vida he estado metido entre papeles, unas veces en lecturas, las más y otras en escrituras, las menos, aunque últimamente esa tendencia está cambiando como la marea de las playas

atlánticas.

continuará

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