viernes, 9 de abril de 2010

Promesa



Así como el sol cada día se alza de su morada
realizando su majestuoso paseo calentando los corazones
y nos enseña lo alargada y oscura
que puede llegar a ser nuestra sombra,
la que nos persigue allá donde vayamos.

Así como la luna gobierna las mareas
inundando las arenas de nuestras certezas
para borrar las pisadas que dejamos atrás
en las noches oscuras que cubren las espaldas
de los que nos tapamos con la manta de la duda.

Así como la mar arrulla los duelos de los marinos
que navegan por sus confines buscando su puerto y su hogar
aún sabiendo que nunca lo van a hallar
pues quedó en la estela que por popa se hundió
ahogándose en los abismos más profundos del mar.

Así como la nube guarda sus preciadas lágrimas
para derramarlas allá donde reviente de pena
y desahogue en jirones de lluvias de impotencia
las ilusiones evaporadas en el mar de los sueños
que bañaba la esperanza del nuevo mañana.

Así como el solitario rayo parido de la tormenta
descarga toda su energía en un arrebato de locura
y se pierde en estériles empresas inconclusas
quemando los rastrojos de las voluntades
que permanecían yermas en los campos de los vencidos.

Así mismo yo avanzo sembrando huellas
para delimitar mis fronteras y no continuar
trazando un círculo que me regrese de nuevo
al punto de partida de mi vieja promesa.
La de no conformarme con menos de lo esperado,
la de no esperar más de lo conformado.


acróbata

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