viernes, 2 de abril de 2010

Epitafio


Una mañana fría e invernal
paseando entre sus calles.
Admirando la arquitectura local
pude encontrarlo o acaso fue al revés.

El pabellón de una otrora
familia acomodada y señorial.
En la entrada, tras una verja
oxidada y en algunos tramos rota,
había una desgastada lápida.
Una lápida cubierta por las hojas caídas.

Quiso el húmedo viento que precede
a la lluvia y al vendaval invernal
venir a mi auxilio.
Y con su aliento despejar
el mensaje esculpido
en su día con infinito dolor.

En la cabecera de la última morada
de un desdichado hombre de honor.
Rezaba el epitafio que causó
mi más sentida admiración:

“El sol que a ti te calienta
a mí también me alumbró.
La tierra por la que caminas
mis pasos también conoció.
El aire que tú respiras
en su día a mi me refrescó.
Y el amor que sientes en tu corazón
a mi también me hizo perder la razón”.

“Yo fui lo que tú eres
y tú serás lo que yo soy.
Reza por mí una oración
para que juntos encontremos
el camino de la salvación”.


acróbata

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