domingo, 14 de marzo de 2010

Bar Ginesa



Al abrigo seguro de la barra de un bar
entre vapores de alarde de vencedores
con miradas cargadas de medias verdades
por parte de tertulianos no creyentes
de farsas contadas entre golpes de pecho
relacionábamos juventud con madurez,
ganas de comernos el mundo,
con mundos ya comidos y digeridos.

Ellos contaban sus grandes batallas entre vinos,
nosotros reíamos esas gracias entre cervezas.
Dos mundos tan distintos unidos
con el aroma a café de por medio.
Anda Juan, anda Antonio, anda Ginesa
ponle a los zagales lo que quieran,
que no les falte de nada.

Una gran familia de desconocidos conocidos
bajo el viejo techo de una antigua taberna
que ya había dejado atrás sus mejores tiempos.
Era punto de reunión, era algo más que un bar.
Era el bocata de recreo entre clase y clase,
el café de después de comer,
luego tocaba el futbolín y como no
risas y embustes entre los naipes.
Al atardecer alguna cerveza caía
mientras algunos arreglaban el mundo
con chato de vino y panchito salado de por medio.

En invierno se estaba dentro al refugio seguro
de una decrépita estufa de gas butano,
acomodados en viejos sillones de skay,
era tiempo de hablar de belenes y carnavales.
En verano salías al fresco del patio del limonero
con sus coloridas caracolas como maceteros,
o mejor aún a la caída de la tarde
te sentabas en la puerta de la calle
y regalabas a los fogosos sentidos adolescentes
las preciosas vistas de las niñas que paseaban
por donde no había paseo, por donde el paseo
era que estuviéramos nosotros al fresco.

Así entre risas y variadas relaciones
pasábamos días, semanas y meses.
Así entre clases de instituto
y hermosos ratos de taberna de viejos
pasamos algunos maravillosos años
del despertar a la edad adulta.

Aquel bar ya no existe,
ahora es un edificio para residentes.
Muchos de aquellos entrañables amigos
ya marcharon al valle de los olvidos,
pero aún quedan algunos
que resisten dignamente en pie
a la llegada de su hora más cierta.
Y cuando me cruzo con ellos por la calle
me miran, sonríen y me preguntan:
¿Cuántos años hace ya?
Yo con agrado les contesto muchos, hace muchos
y ellos en sentido ademán me contestan:
Claro si eras un chaval y ahora mírate
todo un hombre con una hermosa familia.

Los años que pasaron nunca volverán
pero los recuerdos vividos siempre permanecerán
en lo más profundo de nuestros corazones.


acróbata

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