domingo, 17 de septiembre de 2017

Tu corazón burdel




Uno más
por los viejos tiempos
¿de verdad nos dijimos eso?

pero tú y yo
sabemos
que tanto en el amor
como en el no te olvido

solamente hay presente

y al resto del mundo
le enseñamos la lengua
la tuya y esta mía
anudada en un beso sin futuro
sin historia

en un ahora de callejones

sin salida


acróbata


jueves, 17 de agosto de 2017

miércoles, 24 de mayo de 2017

You could be mine




Despierto con un gato rubio dándome cabezazos. Me desperezo. Me rasco donde pica. Una meada. Aseo rápido. Hoy vaqueros y camiseta oscura (qué novedad), zapatillas y calcetines tobilleros. Café sin más historia. En la tele hablan del tiempo: sol y nubes, viento del oeste, nada de lluvia, las temperaturas al alza, lo de siempre. Las llaves. La cartera. El móvil. Y con un beso leve y un sayonara baby, ya abriendo la puerta de la calle. El ascensor averiado. La luz parpadeante. Bajo caminando los sesenta y tantos escalones. Saludo a un vecino. Otro contesta con un gruñido que interpreto como hola. Y por fin fuera, respirando los humos tóxicos del mundo: Babilonia, hijadeputa, recíbeme, también hoy, como me merezco.






acróbata

miércoles, 3 de mayo de 2017

Oveja negra



Sé que nunca le voy a convencer
así, escribiendo
y mi única fuerza si
alguna
aquí, en la palabra

porque no lee, ni falta
que le hace
y sus hechos son gestas de héroes
sobre las aguas
donde no hay huella
ni historia
que resista siquiera una marea.

Ya no me causa tristeza
(solo malestar)
quizá una poca por él

esta orfandad de espíritu
también
desde tiempos lejanos.

La oveja negra en realidad
es blanca
en un mundo de lobos.





acróbata


lunes, 1 de mayo de 2017

Algo que contar



36 años, tu edad. En silencio, con todo por contar, o casi. Y solo frente al espejo, en una desapacible tarde de otoño, un hombre vestido con ropas de mujer: el cabello largo, algo más rizado que lo tenías tú, el rostro apenas maquillado y una blusa verde a juego con la mirada.
Porque quería verte, volver a verte de nuevo. Pero no, mamá, tú eras mucha mujer y yo soy un hombre de los pies a la cabeza sin el más mínimo atisbo de feminidad en mis rasgos o maneras.
Allí de pie, mirando el reflejo grotesco y ajeno, absurdo hasta decir basta, que indolente me devolvía el cristal de aguas mansas y profundas, supe de inmediato donde nunca más te buscaría.
Me senté desnudo en un rincón, con el maquillaje corrido por las lágrimas, el corazón encogido, y comencé a escribir, a escribirte.
Aún no he parado.


acróbata