martes, 19 de diciembre de 2017

El secreto peor guardado




El 1 de octubre de 1984 lloré
como nunca antes había llorado
lloré un río, un mar, todos los océanos
lloré solo, en silencio, con rabia y compartiendo
lágrimas cercanas
lloré
hasta que me creí yermo
completamente seco de más aguas amargas

yo creía, estaba convencido
que lo hacía por ella

y sí, por ella
por la segunda y definitiva ruptura
del cordón umbilical
que nos anudaba como madre e hijo

lloré por ella
y sin duda, también por mí

aunque eso se ha encargado el tiempo
todo este tiempo
de hacérmelo saber


acróbata


viernes, 15 de diciembre de 2017

Doble V



Pregunta el porqué bebes

de verdad
quiere saberlo
¿será una entomóloga
con el alfiler
aguardando el momento
de clavar
a su cucaracha?

La sed
querida mía
siempre se trata de la sed

de destrucción


acróbata








martes, 14 de noviembre de 2017

Los versos libres


Respiras
te crees en completo silencio
y es tu pecho un laúd

esa música
nacida de una caja de resonancia
que recoge en su nido el temblor de cuerdas
donde ni es libre la mano ni el obrador
que nunca descansa

no sientas ser tan transparente
como la melodía, como tu corazón desbocado
suficiente castigo es ya
callar, renunciar al canto de gorriones
de un verso libre
y solo atreverte al clamor sordo
de un río de palabras
que sobre el papel

envejece, se seca
muy al fondo de los cajones.


acróbata



lunes, 30 de octubre de 2017

Las normas




Aquella vieja mecedora
de escai rojo, que se te pegaba a la piel
con su beso de sudor
y su pellizco
en la que galopaba a escondidas
más aprisa, más, cada vez más aprisa
desafiando la ley de la gravedad
y las normas de casa
hasta llegar a volcarla, o descabalgarme
de un salto hacia delante

y casualidad o nada más que
suerte
no fui un niño desnucado
ni con la nariz rota de boxeador

solo un adulto cansado
de tanto golpe
contra la realidad y sus suelos.


acróbata


lunes, 23 de octubre de 2017

El caballo de Atila



Se le ha derramado una copa cenando. Y viendo extenderse la mancha sobre la mesa como los Hunos por Asia, se me han saltado las lágrimas.
¿Qué te pasa?, ¿por qué lloras? me pregunta.
Nada, cosas mías.
No, dime insiste, mientras con la bayeta ya está limpiando el hule.
Me seco la cara con una servilleta de papel. Cabeceo. Vuelvo a rellenarle de la botella medio vacía. Y en mi cabeza:
<<Vino malo manchando manteles de plástico, he aquí el logro después de tanta lucha.>>


acróbata